Oportunidad perdida

Jaime Mata protesta al árbitro mientras ve una tarjeta amarilla. /R. Gómez
Jaime Mata protesta al árbitro mientras ve una tarjeta amarilla. / R. Gómez
JUAN ÁNGEL MÉNDEZValladolid

Treinta y dos jornadas después, ya sé a lo que juega el Real Valladolid. Me ha costado un poco, pero lo he conseguido. El fútbol del conjunto blanquivioleta es de corto recorrido. Siempre deja pasar, al menos, 45 minutos y luego ya se sienta a la mesa e intenta ver cómo le hinca el diente al contrario. En los últimos envites, ha tenido la suerte de llegar al partido con el plato lleno, pero en otras ocasiones lo ha hecho con el tiempo agotado y la vajilla reluciente, sin nada que llevarse a la boca. Ayer estuvo a punto de volver a llegar tarde, pero el Lugo disparó fuera. El cuadro castellano cada día me recuerda más al gallego con el que te cruzas en una escalera, no sabes si sube o baja, si ataca o defiende. Su fútbol es tan plomizo que se aburre hasta el rival.

El equipo vallisoletano se acomoda en la trinchera y entierra la idea que explica que para ganar hay que disparar, al menos una vez, entre los tres palos. Luis César recuperó a Luismi en el eje del centro del campo y premió a Míchel y Plano con la titularidad que se ganaron en el segundo acto del duelo contra el Almería. Distintos agentes, pero idéntico resultado.

«El equipo vallisoletano se acomoda en la trinchera y entierra la idea que explica que para ganar hay que disparar, al menos una vez, entre los tres palos»

El dibujo se presenta inmóvil, nadie busca la sorpresa y los desmarques de ruptura parecen una utopía, más que un mecanismo para perpetrar una emboscada. El Real Valladolid se conforma con mantener el pulso en 30 metros, los que separan la frontal de su área y el centro del campo. El resto pasa a un segundo plano y nadie toma la iniciativa para dominar y atacar, para presionar y defender sin agonía. Mata vive aislado.

El colegiado anuló un gol legal a Toni Martínez cuando el choque expiraba, pero tampoco es excusa. De hecho, Luis César se mostró satisfecho con el punto en un partido de «alternativas». Confía de nuevo en la media inglesa, aunque para buscar el ascenso hace falta un plus de ambición. Es necesario mover ficha cuando el rival se queda con uno menos, no diez minutos después cuando el adversario ya ha asimilado el golpe. Ni siquiera en superioridad, el Valladolid aplicó lógica y criterio para romper por las bandas la resistencia del Lugo y buscar el remate de los tres espigados delanteros que situó sobre el césped Luis César. El punto puede ser bueno para los gallegos, pero para un aspirante a llegar con fuerza a la pelea por el ascenso, representa una nueva oportunidad perdida.

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