Borja Fernández: «Me pongo nervioso cuando entro por primera vez en un vestuario»

Borja Fernández posa en la gradas del estadio Zorrilla.
Borja Fernández posa en la gradas del estadio Zorrilla. / César Minguela

El medio centro, de 37 años, inicia su tercer ciclo con la camiseta blanquivioleta

FERNANDO BRAVOValladolid

«No es la que me gusta. Antes la ponía yo y ahora es diferente. Pero me adapto». Borja Fernández se refiere a la música que se escucha en el vestuario, y su apreciación define su veteranía. En su tercera etapa en el Real Valladolid comparte espacio con jugadores mucho más jóvenes que él. Si se incluye a los canteranos que prueban en la pretemporada, casi dos decenios más jóvenes, así que no es extraño que no compartan gustos musicales. Pero el jugador orensano ha demostrado ser un camaleón. ‘Donde fueres, lo que vieres’ parece ser su máxima, como ha demostrado en el Madrid de Primera, en Mallorca, en Getafe, en La Coruña, en Eibar y hasta en el Atlético de Kolkata indio, siempre ayudado por un portentoso físico, con el que el paso del tiempo parece haber hecho una excepción. Se adapta, dice, y apenas pespuntea planes de futuro porque, reconoce, le gusta improvisar. Y disfrutar del fútbol sin lastres el tiempo que le quede.

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-Ha jugado en el Real Madrid, ha ascendido en dos ocasiones (Real Valladolid y Deportivo de La Coruña), ha jugado en el extranjero, ¿qué le une a gente mucho más joven con la que comparte el vestuario?

–Lo he pensado hace poco y me he dado cuenta de que adapto fácilmente. En Almería hice grupo con gente de 25, 28 y 30 años. Es cierto que la música que se pone en el vestuario no es la que me gusta. Hablan de asuntos que me son ajenos, pero supongo que los más jóvenes pensarán lo mismo de las cosas que yo hablo. Escucho las conversaciones y a veces me quedo sorprendido, igual que ellos me escuchan a mí y dirán, ‘y este carroza ¿por qué dice esto?’. Es la edad. Pero nos une el fútbol y, en definitiva, el trabajo, porque el fútbol no solo es pasión, es también una profesión. Luego, cada uno tiene su vida, a veces la haces con compañeros y otras, no.

-Da la impresión de que va sobrado por su independencia, de que se puede permitir hacer lo que le gusta, de elegir dónde y cuándo entrar o salir, como cuando dejó el Pucela por última vez teniendo contrato porque ‘sentía’ que no contaban con usted?

–Llevo desde los 15 años fuera de casa. Soy muy orensano, muy gallego, muy de mi tierra, pero sé adaptarme a todos los sitios, a todas las circunstancias. Aunque me sigo poniendo nervioso el primer día que entro a un vestuario, pero luego dejo amigos en todos los lados, y me gusta esa forma de vida. En Getafe, por ejemplo, aguanté porque no había otras cosas mejores, pero cuando las hay, no me cuesta coger las maletas. Y eso que soy muy nostálgico. Al final, si puedo no molestar, mejor. Y me gusta conocer nuevos lugares.

-La India y el Atlético Kolkata son testigos.

–Fue fruto de una circunstancia muy rara el primer año. En realidad, en las tres ocasiones que he estado, porque en el Eibar iba a renovar pero como no se sabía si subía no renové; aquí tenía contrato y no contaban conmigo, así que me volví a ir. Este año no descartaba volver a la India pero he podido elegir, y estoy aquí.

-Y su futuro, ¿dónde cree que está?, ¿haciendo qué?

–Sé lo que me gustaría, pero no sé qué me gustará en el futuro. A lo mejor llega el momento y lo que pienso ahora no es lo que quiero, pero por otra parte soy consciente de que me queda poco de fútbol, no sé cuánto y quiero aprovecharlo al máximo y, al mismo tiempo formarme para lo que quiero hacer pero sin ponerme fechas ni objetivos muy claros.

-¿Se lo queda para usted?

–No. No me importa decirlo. He hecho alguna inversión fuera del mundo del fútbol; tengo el segundo nivel de entrenador y hace ya cuatro años hice un curso de dirección deportiva. Me gusta el fútbol y me gusta este ambiente, es lo que conozco. No sé cómo va a ser ‘lo otro’. Igual luego o no valgo o no me gusta.

-Ha estado en muchos lugares. ¿Puede destacar algún rasgo distintivo del Pucela, de Valladolid?

–En Mallorca, cuando me iba, pensaba en volver. En Donosti he estado genial; en Coruña, igual; en Almería, ahora, me ha costado tomar la decisión de no seguir allí, Madrid me encanta. Aquí se han juntado muchas cosas, he vivido mi mejor época como futbolista, he hecho muchos amigos, tengo familia, negocios, la ciudad es como mi casa...

-Además de fútbol, ¿qué cosas importantes hay en la vida de Borja?

–Mi hija, tengo una niña de 14 años, que vive en Madrid con su madre. Intento estar con ella cuando puedo. Mi mujer... sobre lo demás no hago planes. Las cosas van surgiendo. A veces hago planes pero voy a salto de mata.

Nunca me he cuidado

Es consciente de que algunos aficionados lo comentan y que no deja de sorprender su longevidad sobre el césped. En su presentación reconoció que le producía cierta extrañeza tener como uno de sus técnicos a su excompañero Álvaro Rubio. Como cuando, hace dos temporadas, se encontró dirigiendo al equipo desde el banquillo a otro excompañero, Alberto López, con quien había compartido vestuario en Zorrilla entre 2006 y 2009.

Los elogios del entrenador cuando se le preguntó sobre la forma física del más veterano de sus jugadores no dejaron indiferente a nadie: «Le he visto en partidos de la India y el Almería, y he visto a una bestia, un animal». Borja, sin embargo, insiste en que no hay ningún secreto al respecto y lo achaca a su genética.

-¿Qué precio paga por mantener esta forma física?

–Si se lo preguntas a Iñaki Bea, (excompañero en el Pucela) te lo puede explicar, porque él sabe que nunca me he cuidado. Quizás en los últimos años un poquito más. En eso he sido poco profesional, también porque el cuerpo me lo permite. Es cierto que, luego, entrenando, soy un tío que no racanea, que se entrena bien pero no tengo ningún secreto. Ni con alimentación. No tengo una dieta específica. Intento comer bien, para estar bien, no solo como profesional. Eso lo he mejorado en los últimos años porque, repito, si le preguntas a Iñaki se reiría. Si hubiera necesitado cuidarme más, lo hubiera hecho y probablemente me hubiera dado un punto más.

-Los elogios del entrenador ¿tenían como objeto disipar dudas sobre la razón de su vuelta, por si se consideraba una imposición?

–He venido porque el entrenador y la dirección deportiva han querido que viniera.

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