REAL VALLADOLID

«Prefiero arriesgar y arrepentirme, que lamentarme por no haber arriesgado»

Luis César grita a sus hombres en un partido de pretemporada.
Luis César grita a sus hombres en un partido de pretemporada. / Carlos Guerrero

Luis César Sampedro, técnico blanquivioleta, afirma que los jugadores del Promesas han sobrepasado sus expectativas... «y eran muy buenas»

Fernando Bravo
FERNANDO BRAVOSAN PEDRO DE ALCÁNTARA (MÁLAGA)

Asume los riesgos de su profesión, porque, dice «son ya 17 años». Sabe que cuando las cosas pinten mal, va a ser la diana de todos los reproches. Pero algunos los devuelve: su volea es demoledora: «Cuando acaba el partido, todo el mundo sabe de fútbol; es el momento álgido de inspiración futbolística de la opinión pública. ¿Por qué?, porque saben el resultado». Está satisfecho del trabajo de sus jugadores, pero no se casa con ninguno y dice que no tiene en cuenta ni los nombres, ni la edad, ni su origen a la hora de hacer una alineación; que siempre elegirá a los que estén mejor y que está dispuesto a explicar a cada uno de ellos por qué no entra en la convocatoria.

–Ha sido una concentración corta, ¿le han faltado días?

–No, ha estado bien; más de seis días hubiera sido demasiado. Los jugadores necesitan un poco de aire fresco. Nos ha venido muy bien para jugar tres partidos, día sí, día no, y enfrentarnos a rivales que no conocemos. La concentración ha sido enriquecedora, pero ya esta bien. Después de seis días, los jugadores necesitan ver a sus familias y volver a su entorno, a sus rutinas.

–¿Y gente? ¿Faltaban jugadores?

–Tampoco. He estado con 26 futbolistas, tres de ellos porteros, y tengo de sobra. He tratado de repartir minutos y los chavales han tenido participación, casi como los profesionales. Voy conociendo a todo el mundo. Para mí, todos son nuevos.

–¿La exitosa irrupción de los jóvenes ha modificado la necesidad de fichajes? ¿Hay más repuesto de lo previsto dentro del club y menos necesidad de refuerzos de fuera?

–No. Soy cauto a la hora de medir a los jugadores y necesito tiempo para emitir un juicio. Evidentemente, las expectativas que yo tenía con los chicos están sobrepasadas. Y las tenía buenas: las han sobrepasado Calero, Miguel, Samanes y Dani.

–Esta satisfacción tiene un precio: la afición y el club le van a reclamar mejores resultados.

–Lo sé, pero lo importante es que tenga buenas herramientas. Las herramientas de un entrenador son los jugadores; su valía y la competencia entre ellos son primordiales. Lo más importante para el Real Valladolid es que haya competencia en todas las posiciones, que exija el cien por cien a cada jugador. El día que un jugador no esté al cien por cien, sabe que el domingo siguiente no juega, porque siempre habrá alguien pidiendo paso. Son ellos los que se ponen de titulares y de suplentes: yo no soy más que el brazo ejecutor, aunque piensen que el máximo responsable soy yo.

–El campeonato es largo y llegarán malos momentos y tensiones. ¿Cree que se puede mantener el buen ambiente de la pretemporada?

–No quiero parecer engreído, pero me considero una persona experta. Que no suene prepotente, pero conozco la actitud de los jugadores cuando son titulares y cuando son suplentes; conozco el ambiente de las pretemporadas: siempre hay buen rollo hasta que sale la primera alineación. Me lo conozco de sobra, pero por eso sigo una línea recta. No me contradigo, no prometo cosas que no pueda cumplir. Soy muy claro y no tengo ningún problema para explicar a cada jugador en cada momento por qué no está jugando Cuando no entran en la convocatoria suelen preguntar: ‘¿Qué tengo que hacer para ser titular?’. Como me sé la respuesta, no tengo ningún problema, voy de frente y les explico las cosas son naturalidad. No va a cambiar nada porque vengan a hablar conmigo, pero tendrán una explicación clara.

–¿Tiene también una fórmula para gestionar la actitud de los aficionados? Sabe que son crueles: hoy le alaban y mañana le detestan.

–Conozco la profesión y sé que si ganas eres creíble y, si no, te conviertes en la diana de todo el mundo, pero llevo 17 años de diana de todo el mundo, me conozco el oficio, sé que esto es gestionar los momentos de crisis y que los aficionados se disgustan cuando su equipo pierde, y que se enfadan especialmente con el entrenador. Está establecido así y es aceptado por todo el mundo y no voy a decir que no me inmuto: me gusta que la gente esté a gusto con mi trabajo y con mi dedicación, pero sé que hay muchas cosas que no dependen de mí, aunque soy responsable de los resultados negativos; los responsables de los resultados positivos, generalmente, son los jugadores. Es el oficio que yo elegí y lo asumo con naturalidad y profesionalidad.

–Para mantener esa actitud es necesario el respaldo de quien le ha elegido. Aún no hemos llegado a los momentos de crisis, pero ¿siente que tendrá el apoyo del club?

–Estoy a gusto, pero estoy empezando y, de momento, no ha habido ninguna discrepancia. Yo diría que estamos alineados.

–¿Ha tenido ya alguna sorpresa, positiva o negativa?

–Cada día hago un repaso de lo que veo, intuyo o capto y hay días que unos me gustan más o menos. Los jugadores van transformándose. Yo soy flexible y quiero que mis jugadores lo hagan bien para ganar. No los elijo en función de su nombre, no tengo alineaciones predilectas, el nombre y los apellidos de los jugadores de cada domingo me da exactamente igual. Quiero que mi equipo haga las cosas bien y que gane, que es lo que quiere la afición. Si perdemos con nueve de la cantera sobre el campo, voy a tener problemas también. Esto ocurre en todos los lugares, la gente quiere que su equipo venza y guste.

–Algún jugador suyo ha celebrado tener un ‘míster ganador’. ¿Sabe a qué viene eso, o es solo peloteo?

–No tengo temor a seguir una forma inquebrantable de jugar sin ser tozudo o terco. No me gusta especular, aunque sé que especulando se puede ganar. Yo prefiero arriesgar y arrepentirme que arrepentirme por no haberme arriesgado. Prefiero ser atrevido, antes que especulativo. Y creo que los jugadores lo notan. Cuando acaba el partido todo el mundo sabe de fútbol: es el momento álgido de la inspiración futbolística de la opinión pública, porque saben el resultado. Pero una cosa es no acertar y otra equivocarse. Tomas las decisiones en función de la información de que dispones y puedes acertar o no. Equivocarte o fracasar es no hacer lo que creíste que debías haber hecho.

–¿Qué opinión le merece empezar el campeonato de Liga con un partido a las 22:00 horas?

–Desde que los presupuestos de los clubes están supeditados a los ingresos televisivos, las televisiones mantienen a los clubes y sabemos que los horarios los marcan ellas y que podemos jugar a cualquier hora. No debemos gastar energías en esas cosas. Jugaremos a las 22:00 h. y será una noche fantástica para celebrar un gran partido ante un gran rival y un momento bonito para ganar un primer partido de liga.

–También se ha dado a conocer el primer partido de Copa. Viajarán a Huesca.

–La Copa es una categoría que me ayuda a seguir conociendo a los jugadores en competición oficial. A lo mejor cuando juguemos el primer partido todavía no conozco a todos en competición oficial. Algún jugador, ese día, en El Alcoraz, puede conseguir la titularidad que no consiguió en las primeras jornadas de Liga. A lo mejor se me enciende una luz y se le abre una puerta para el domingo siguiente. Pueden pasar muchas cosas y convertirse en un momento maravilloso para jugadores que no tenían los minutos deseados.

-¿La Copa, por tanto, seguirá sirviendo para probar jugadores?

–Totalmente. Será un banco de pruebas para la Liga . Nada pasa desapercibido y un buen rendimiento, también en Copa, puede ser definitivo. Los entrenadores siempre dudamos, no tenemos certezas absolutas. Para tomar decisiones, cuanto más información, mejor.

–Llegó casi convaleciente de una operación. ¿Usted también está ya al cien por cien?

–Todavía no. Tenía que operarme de una cadera y el lunes después de la última jornada de Liga me operé. Salió bien, pero es un proceso largo, aunque no tengo que jugar al fútbol.

-Cuando llega a un nuevo equipo ¿deja la maleta hecha por si acaso?

–No pienso en la maleta. Si tengo que irme la hago en cinco minutos. No me preocupo con supuestos, no soy profeta del mal. Me dedico al día a día, a hacer las cosas lo mejor que sé y a seguir mi camino en línea recta y, si las cosas no salen bien, tengo que buscar la forma de que me salgan.

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