El presi y los valientes

Carlos Suárez a bordo de 'La leyenda del Pisuerga' durante las celebraciones por el ascenso a Primera División. /Rodrigo Ucero
Carlos Suárez a bordo de 'La leyenda del Pisuerga' durante las celebraciones por el ascenso a Primera División. / Rodrigo Ucero
JUAN ÁNGEL MÉNDEZ

Carlos Suárez escapa de los focos. Muchos le buscan, casi nadie le encuentra, al menos al otro lado del muro. No quiere restar un ápice de protagonismo a su vestuario. El presidente del Real Valladolid nunca ha rehusado una pregunta, siempre directo, pero el día del ansiado ascenso quiso vivir el festejo en la trastienda. Prefiere que los aplausos se los lleven otros, aunque la justicia le otorga buena parte del éxito. Los que hoy le ensalzan, mañana estarán pidiendo que se vaya sin pensar cómo van a reunir el dinero para comprarle el club. El fútbol no tiene memoria y la euforia se convierte en decepción sin tránsito por la templanza. Es pasional y destila egoísmo desde la grada al césped, pero Suárez y Gómez, apaleados cuando el conjunto blanquivioleta se abandonaba a la desidia, son también artífices del ascenso. Los aciertos al final doblaron el brazo a los errores. Por eso, GRACIAS, en mayúsculas. Vosotros también sois héroes.

La cabalgata del ascenso llenó la ciudad de banderas blancas y violetas. Todos en el barco del ascenso, aunque nueve jornadas antes del desenlace solo pisaban Zorrilla los valientes que han aguantado los vaivenes del curso, las excentricidades de Luis César, las tardes de frío y poco fútbol. Pero el Pucela es lo primero. Son los socios de toda la vida, los aficionados que cada curso que termina con depresión se prometen no volver y una semana más tarde están en las oficinas renovando su abono. El ascenso es patrimonio de la ciudad, de todos, pero lo es un poco más de los que siempre creyeron en el Real Valladolid. Por fin, ya era hora, su pasión les ha otorgado dividendos. Para vosotros, por supuesto, GRACIAS, también en mayúsculas, por no perder nunca la esperanza.

Vienen tiempos de gestión y responsabilidad. La fiesta ha terminado y nada tendrá sentido si el Real Valladolid no se agarra con firmeza a la Liga Santander. Miguel Ángel Gómez y Carlos Suárez deben dibujar la hoja de ruta sin perder de vista el bloque que han construido. En el vestuario de Sergio, los nombres pasan a un segundo plano y la pauta la marca la fuerza del grupo. Ha sido la clave para sellar el pasaporte y lo será el curso que viene para prolongar el éxito, con los pies en el suelo, pero el bloque necesita refuerzos en todas las líneas. Mantener el idilio con la ciudad dependerá de que la ilusión permanezca en lo más alto con un equipo que destile esfuerzo, compromiso y, si no es mucho pedir, calidad. Ahí tenéis el reto.

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