José Cantalapiedra de Castro, el presidente dadivoso

El 4 de abril de hace 74 años moría en un hotel de Valladolid José Cantalapiedra de Castro, el primer mecenas blanquivioleta a cuyo esfuerzo vital y económico se debe que el club haya podido permanecer los 90 años de historia

José Cantalapiedra/
José Cantalapiedra
SANTIAGO HIDALGO CHACELValladolid

El martes 4 de abril de 1944 falleció en el hotel Castilla de Valladolid el que fuera tercer presidente en la historia del Real Valladolid tras Pedro Zuloaga y Santos Rodríguez Pardo. Una antigua y pertinaz dolencia que aquejaba su organismo, complicada con un catarro bronquial agudizado en los últimos días, había minado su salud, como se decía en las crónicas de esas fechas. El fatal resultado no se hizo esperar. Ese día al deporte vallisoletano le comenzó a faltar algo. Quizás el aire.

Don José Cantalapiedra de Castro sí que fue el primer presidente en permanecer en el cargo una larga temporada. Catorce años, nada menos. Era hijo de la señora Pepa y de Segundo, un agricultor y vinicultor de la zona de Pozaldez que llegó a ser Diputado Provincial y hombre viajero y de posibles.

Salvó al club en innumerables ocasiones de desaparecer por las deudas económicas y consiguió elevar al equipo hasta sus más altas cotas

Nació en 1880 y al parecer llegó al club en 1930 siendo gobernador civil Jesús Rivero Meneses y Delegado Nacional de Deportes el General Moscardó. Abogado de profesión, permaneció en el cargo hasta 1944, año de su fallecimiento. Pero es que incluso antes ya estuvo vinculado al club que en su fusión dio origen al Real Valladolid: el Deportivo Español, con lo que se le relaciona al menos dos décadas de su existencia con el deporte.

De carácter afable, campechano y familiar, siempre se resalta en él su espíritu dadivoso y altruista sobre todo en causas deportivas. Y es que sujetó al Real Valladolid en momentos de verdadera dificultad y dudas de su subsistencia. Nunca le importó ser mecenas y benefactor porque aquello le gustaba. Le gustaba el deporte y el fútbol. Y al Valladolid lo había tomado como una cosa suya. Así salvó al club en innumerables ocasiones de desaparecer por las deudas económicas y consiguió elevar al equipo hasta sus más altas cotas. Su cuantiosa fortuna le permitió hacer frente a tales dispendios, que además realizaba con verdadera satisfacción, se escribía por entonces.

La noticia de su fallecimiento ese 4 de abril de 1944 cayó como un jarro de agua helada en el club que por aquel entonces se ubicaba en la calle de Santa María. Valladolid se preparaba para organizar su Semana Santa en la que ya no estaría este también Cofrade del Santo Entierro, el presidente del Real Valladolid deportivo, Don José Cantalapiedra de Castro.

La figura de Don José, como así se le llamaba a este señor al que tiempo después hemos visto con abrigo y bombín, era también considerada y respetada a nivel nacional, hasta el punto que unos pocos días antes de morir, la Federación Nacional tomó el acuerdo de rendirle un homenaje por sus desvelos en pro del fútbol. Este homenaje habría de consistir en un partido en el que asistirían componentes del Comité Nacional y en el que le sería entregada la medalla del Mérito Deportivo que le había sido concedida.

La figura de Don José, como así se le llamaba a este señor al que tiempo después hemos visto con abrigo y bombín, era también considerada y respetada a nivel nacional,

No sería hasta comienzos de julio de ese mismo año cuando a título póstumo y en un encuentro organizado por la Federación Castellana en la que el señor Cotorruelo ejercía de presidente, le fue entregado este reconocimiento previo a un encuentro que disputaron una selección de jugadores del Real Madrid, Atlético de Aviación y Real Valladolid.

Sin embargo, no fue este el único homenaje. El 19 de marzo de 1947, Real Valladolid y Real Madrid se enfrentaron en un partido amistoso en honor del que fuera presidente blanquivioleta en el feudo vallisoletano. Antes del encuentro, el en ese momento presidente de la Federación Nacional de Fútbol, Jesús Rivero Meneses, dio lectura a unas cuartillas en homenaje a Don José Cantalapiedra, en cuya memoria también se descubrió una lápida en el propio estadio. Ese día el Valladolid venció por 4-1 a todo un Real Madrid en el que destacó Luis Molowny.

Ese era el Valladolid de Ramallets, como portero, Soler, Busquets, Lasala, Vaquero y el que iba para gran estrella nacional de este deporte, Gerardo Coque, entre otros. En las páginas del ABC del día después, 20 de marzo de 1947, al lado de la alineación de los equipos se anunciaba la penúltima semana de actuación en el Teatro ‘Reina Victoria’ al precio de 20 pesetas la butaca. Eran Lola Flores, la Lola de España, y Manolo Caracol en Zambra. Maldita coincidencia. Maldito gasto.

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