Prohibido rendirse

Jaime Mata pelea la posición con un jugador del Real Oviedo. /G. Villamil
Jaime Mata pelea la posición con un jugador del Real Oviedo. / G. Villamil
CARLOS PÉREZ

Año nuevo, vida nueva. Como si al sonar la decimosegunda campanada se resetease la vida y empezásemos todos de cero, el día uno de enero nos enfrentamos a la vida con nuevas intenciones. Intenciones que nos duran hasta el día dos. Eso es simplemente porque la vida continúa exactamente donde estaba cuando dejan de sonar los cuartos antes de sonar la primera campanada. Nuestros problemas, que desaparecen en los cotillones y fiestas familiares o con amigos, estarán ahí cuando nos levantemos el día uno.

Por eso, a un día de retomar la competición, no conviene olvidar dónde estamos. Porque nuestro problema es dónde estamos muy por encima de cómo hemos llegado allí. Llevo diciendo los últimos meses que nuestro fútbol ha sido muy superior a nuestros resultados, pero en este deporte los goles mandan por encima de las sensaciones. Aquí no hay jueces como en la gimnasia rítmica o la natación sincronizada y los goles se marcan, no se merecen. O se reciben. Así que, nos encontramos a falta de un partido para acabar la primera vuelta en una posición delicada. En un símil que ya he usado en otras ocasiones, empezamos a ascender el Alpe D’huez a quince segundos de los favoritos, así que no podemos flaquear en lo que queda.

Me crea algo de desazón saber con qué bueyes tenemos que arar. A estas alturas me conformo con no tener peor equipo que en la primera vuelta. No deja de ser una apreciación personal, pero creo que lo que peor ha hecho Luis César en la primera vuelta es la gestión del vestuario por muy buen ambiente que nos digan que hay. Quizá hubiera un vestuario muy largo y mientras estábamos en la Copa todo iba bien, pero en cuanto caímos eliminados y hubo que repartir minutos salieron los egos de los futbolistas, que comen más que el ácido.

Luego está el tema de Jaime Mata. Espero que él sea el que desee quedarse, porque es un asunto difícil de gestionar. Si quiere irse es mejor que renunciemos a los goles a cambio de un dinero que nos viene bien, pero si se queda no nos aseguramos el ascenso. Tenemos ejemplos en ambos casos para saber que es posible que, pase lo que pase, se haga mal. Así que, si es él el que decide quedarse, tendremos un jugador comprometido que nos puede dar la mitad del ascenso.

Creo que estamos a tiempo de cualquier cosa y el objetivo dependerá de nuestra concentración, de nuestra ambición y de nuestra actitud. Si no subimos, que sea porque los rivales han sido mejores y no porque nos hemos rendido.

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