La prueba del 9

Partido de vuelta

Los dos tiempos tan diferentes jugados por el Valladolid el sábado demuestran que la presencia de un ariete es vital para que el proyecto se consolide

JUAN ÁNGEL MÉNDEZ

Cuando me acomodé en la butaca para ver el primer partido serio del Real Valladolid, lo hice con la esperanza de encontrarme algo fresco, la orilla opuesta al bucle infinito de excusas y promesas del ejercicio anterior. El primer tiempo me estampó un bofetón de realidad y tuve que mirar el calendario para verificar que estaba en agosto y no en abril. Un susto. Las pruebas de pretemporada volvieron a demostrar que no son más que eso, puros test que solo sirven para divisar atisbos, ninguna certeza. Solo encontré mejor actitud, eso sí. Sin noticias del fútbol alegre, vistoso y eficaz de los duelos estivales.

En el descanso llegó la primera diferencia, mi primer halo de esperanza. Hay entrenador. Mal primer acto, nuevos actores a escena. Esta vez no tuvimos que esperar al 0-3, con la soga en el gaznate y el crono en el 75, para ver los primeros cambios. Luis César interpretó los agujeros y con Hervías y Luismi, el Real Valladolid recuperó equilibrio y secó el baño. No remontó el cauce, pero remó sin reservas para lograrlo. El resultado, al paso por el debut liguero, es lo de menos, todavía estamos en plena autopista, con ocho carriles, para conseguirlo. Las serpenteadas carreteras secundarias aún están lejos y el hincha blanquivioleta no tiene motivos para desconfiar. Al menos de momento.

Dicho esto y expuesta mi fe en el nuevo proyecto, resultará imprescindible no caer en los errores del pasado para que las lágrimas no rieguen el telón al final del curso. La historia demuestra que sin un ‘nueve’ goleador, el éxito se convierte en quimera. El Valladolid de los últimos ascensos lo hizo con arietes de la talla de Joseba Llorente o Javi Guerra. Cualquier club que quiere poner la A en su pasaporte, necesita de un futbolista con tino ante el marco rival. Y ese fue uno de los puntos negros del choque del sábado, Jose no es un ‘killer’, Jaime Mata se preocupó más de teatralizar sus acciones que de golear e Ibán Salvador tuvo problemas incluso para empujar a la red el servicio de Nacho, sin duda la mejor noticia del envite.

No sé si Villalibre será la solución, pero sería conveniente no perder de vista las opciones de Ortuño y De Tomás, mucho más contrastados. Otro lunar a corregir reside en la fluidez. Cotán apunta maneras, pero se vio desbordado. El esquema de Luis César necesita imaginación en la mediapunta, donde José puede ser un cuchillo con un ‘killer’ por delante. En defensa, la asignatura pendiente vive en la derecha. Guitián y Moyano siguen de pretemporada. Por último, una petición, cuando haya un ‘nueve’ que las enchufe, por favor pongan balones al área con intención y precisión.

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