Real Valladolid

El Pucela es un chollo y se deja remontar un 2-0 ante el Numancia

Guitián intenta centrar el balón ante un rival. /Gabriel Villamil
Guitián intenta centrar el balón ante un rival. / Gabriel Villamil

El Numancia desarbola a un conjunto sin confianza, dubitativo, endeble y mal dirigido desde la banda

Eloy de la Pisa
ELOY DE LA PISAValladolid

Las Valladolid-Numancia suelen ser partidos espectaculares, de muchos goles. Hace unas temporadas, se acordarán, el Pucela lo dirigía Abel Resino y en el partido ante el Numancia de ese año en Zorrilla, llegó a ponerse dos veces por delante para acabar perdiendo 3-4. Bueno, pues lo de este domingo en Zorrilla fue algo similar. Un Numancia que sabe a lo que juega y que tiene un entrenador en el banquillo remontó dos goles a un Valladolid que no sabe que quiere, que no sabe cómo hacerlo y al que el director técnico confunde una y otra vez desde la banda. El Pucela es un grupo de aturullados jugadores, que corren con poco sentido y en el que los que han de poner la calidad andan a la búsqueda de níscalos, porque solo miran hacia abajo y casi nunca hacia el compañero.

2 Real Valladolid

Masip, Antoñito, Kiko Olivas, Deivid, Nacho, Guitián, Anuar, Cotán (Villalibre, min80), Iban Salvador Plano, min. 75), Toni (Hervías, min. 73) y Mata

3 Numancia

Aitor Fdez, Markel, Dani Calvo (pablo Larrea, min. 53),Carlos, Luis Valcarce, Manu del Moral, Marc Mateu (Pablo Valcarce, min. 80), Iñigo Pérez, Escassi, Nacho e Higinio Marín (Guillermo, min. 60)

Goles
1-0, min. 12: Pase profundo de Salvador, error de Dani Calvo y Mata, solo ante Aitor, le bate de fuerte disparo. 2-0, min. 17: Centro de Nacho y MAta se adelanta a los centrales para marcar. 2-, min. 60: Nacho controla en el borde del área, supera a Nacho (el del Valladolid) y marca de tiro curzado. 2-2, min. 70: Carlos Gutiérrez,m de potente cabezazo. 2-3, min. 80: Guillermo resuelve un barullo en el área
Árbitro
Areces Franco. Amonestó a Kiko OLivas (min. 20 y 66, por lo que le enseñó la roja), Deivid (min. 26), Dani Calvo (min. 47)
José Zorrilla. Trade fría, con 4 grados al iniciarse el choque y 2 al concluir el partido. Terreno de juego en buenas condiciones.

El 4-3-3 que se sacó de la manga Luis César para intentar frenar la sangría defensiva dio muestras de no funcionar. Al menos en el arranque. Fue un espejismo. Tras el susto del gol bien anulado a Del Moral, el Valladolid se asentó, Anuar tomó los mandos de la nave y el equipo empezó a carburar con un Salvador estelar. El hispano-guineano leyó el partido a las mil maravillas y se percató de que Marc Mateu no ayudaba a Luis Valcarce en la banda izquierda soriana. Y por ahí empezó a buscar las cosquillas. Las encontró en un pase sobre Mata, profundo y preciso, que el madrileño aprovechó para abrir el marcador.

Salvador y Antoñito eran una pesadilla para la defensa soriano, que hacía agua por todas las partes. Anuar mandaba y manejaba, Cotán presionaba y estaba siempre presto a la ayuda y Toni, con libertad absoluta, era el que no terminaba de enganchar con sus compañeros. Con todo llegó el segundo de Mata, y a partir de ahí el partido cambió de nuevo. Sorprendentemente el Pucela se volvió nervioso. Guitián cometió varios errores por no encontrar a un compañero al que dar el balón y Del Moral e Higinio sacaron la velocidad para mostrar las carencias de Olivas, y Deivid a la hora de emular a un velocista jaimacano. La faltó puntería al equipo de Arrasate, y por eso se fue al descanso con el rosco en el marcador.

Pero el Numancia tiene en la banda un tipo que viste con chándal, poco mediático y muy sencillo, de los que hacen frases de sujeto, verbo y predicado. Y ese entrenador, Arrasate, vio que el problema de su equipo era Dani Calvo. Así que puso en el campo a Pablo Larrea, metió a Escassi en lugar del fallón central... y el Valladolid se colapsó. Se gripó. Completamente. Y el ingeniero del banquillo de al lado ni se enteró. O si lo hizo no supo como resolver la avería. No reaccionó.

Con todo, el Numancia crecía, pero no parecía que a suficiente velocidad. Hasta que el enésimo desajuste defensivo provocó el 2-1 y minutos después forzó a Olivas a irse a la banda y cometer la falta que significaba su expulsión. Ese fue el fin del partido. A partir de ese momento, el Pucela fue un flan en caída libre. Temeroso de su sombra, acomplejado, sin personalidad, se fue hacia atrás con el convencimiento de que no iba a gabnar ese partido. Y lo perdió claro.

El mal del Valladolid tiene muchas caras, pero este domingo las enseñó todas, una por una.

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