El Real Valladolid B sella la permanencia en Segovia a falta de una jornada

La plantilla celebra sobre el césped la consecución de la permanencia./Antonio Tanarro
La plantilla celebra sobre el césped la consecución de la permanencia. / Antonio Tanarro

El solitario gol de Luis Suárez en el minuto 14 obligó a los de Miguel Rivera a enfrascarse en defensa para conseguir culminar una segunda vuelta espectacular

J. A. Pardal
J. A. PARDALSegovia

El Real Valladolid B selló su permanencia en Segovia en un partido durísimo en el que Luis Suárez adelantó a un equipo blanquivioleta que a partir del gol solo se dedicó a defender la renta.

Corría el minuto 14 de partido en La Albuera cuando Salisu, que esprintaba para volver al eje de la zaga tras subir al área rival para intentar rematar una falta botada desde el lateral, robó el balón a Fernán cerca del centro del campo. Con el exterior cedió a Domínguez que dibujó en su mente la trayectoria de la carrera de Luis Suárez y le colocó la pelota en los pies, dentro del área. El punta cuerpeó, se valió de su fuerza y de su calidad y ajustó un disparo, inalcanzable, al palo derecho de Pablo.

0 Gimnástica Segoviana

Pablo; Borja Plaza (Rubén, min. 71), Asier, Javi Marcos, Anel, Manu, Dani Arribas, Fernán, Ivi (Agus Alonso, min. 48), Kike (Leira, min. 67) y Quino.

1 Real Valladolid B

Dennis;Raúl, Moi, Carrascal, Salisu, Mario (Mari, min. 75), Mayoral (Alvarado, min 55), Pérez y Suárez (Becerra, min 66).

Goles
0-1. Luis Suárez (min. 14)
Tarjetas
Antonio Sánchez Sánchez (Colegio Extremeño) mostró amarilla a los locales Arribas y Quino y a los visitantes Salisu, Alvarado y Dennis.
Incidencias
2.837 espectadores en La Albuera en partido correspondiente a la 37ª jornada de la Segunda División B.

Uno de los hitos de la tarde ya estaba hecho: anotarle un gol a la Gimnástica Segoviana en un campo volcado para la ocasión en el que los 2.837 asistentes obligaron a colgar el cartel de 'no hay billetes'. Quedaba todo un mundo para conseguir colocar el 'OK' al lado del otro quehacer (no encajar), pero el Real Valladolid B sabía a qué jugar y el plan funcionó a la perfección.

Desde el inicio del encuentro los hombres de Rivera se plantaron a los pies del Acueducto con la idea clara de que asegurar la retaguardia era la mejor manera de afrontar la batalla. El tanto de Suárez no hizo más que reforzar esa estrategia, que quedó clara desde el inicio cuando en la hoja de alineaciones figuraban tres defensas centrales: Carrascal, Salisu y Mario.

En el bando contrario los nervios parecían ser la nota dominante. El Pucela renunció a la posesión, pero mordía de tres cuartos de campo en adelante, algo que le ha dado más de media permanencia en una segunda vuelta fantástica. La Gimnástica Segoviana, con muchos más minutos de balón, era incapaz de inquietar a un Dennis muy seguro que reinó por arriba con sus altos centrales como escuderos.

Después del gol del colombiano, sus compañeros dispararon solo en cuatro ocasiones y exclusivamente una de ellas encontró portería (en el 43 y desbaratada por una gran intervención del meta local). Pero eso no era ya lo que importaba, sino frenar a un equipo local obligado a ganar ayer y, una vez por detrás en el marcador, a arriesgarse para lograrlo.

Luis Suárez, goleador en la tarde del domingo, pelea un balón por alto.
Luis Suárez, goleador en la tarde del domingo, pelea un balón por alto. / A. T.

Los segovianos salieron a la segunda parte a darlo todo, sabiendo que podían estar ante sus últimos 45 minutos en Segunda B. Pese a la juventud de los de Rivera, cuya falta de experiencia hizo que en muchas ocasiones sus pérdidas deliberadas de tiempo fueran demasiado evidentes, la línea defensiva brilló ante el aluvión local.

Solo se jugó en una mitad

Pelotazos desde el lateral, de frente y ningún juego por dentro sirvieron para que el equipo blanquivioleta no sufriera demasiado, pese a que regaló el balón y no pasó del centro del campo en más de media docena de ocasiones. Dennis no tuvo que hacer ninguna intervención de reflejos bajo palos, aunque sí que se vio obligado a demostrar lo bien que se defiende cuando los balones llegan por arriba.

Dos fueron las ocasiones más claras de la Segoviana tras la reanudación. En el minuto 62, cuando Kike cabeceó por encima del larguero un centro de Asier; y en el 74, cuando Mario mandó en semifallo hacia el corazón de su área una pelota que terminó despejando Raúl antes de que varios jugadores de la Segoviana la remacharan a portería.

Para entonces ya había empezado el rosario de cambios, todos ellos obligados en el Real Valladolid B. Mayoral, Mario y Suárez se marcharon lesionados en un lapso de veinte minutos, lo que obligó a su entrenador a replantearse la recta final del partido. Alvarado se colocó en el centro del campo, Becerra sustituyó a Suárez en punta y Mari cayó a banda derecha, más preocupado de repoblar el centro del campo que de correr pegado a la línea de cal.

El campo, alto y de césped natural (el Promesas entrena y disputa sus encuentros en hierba artificial), pesó mucho en las piernas de los jugadores visitantes que se dedicaron a economizar recursos ante la lluvia fina de los locales a los que lo que les lastró fue la ansiedad.

La tensión era máxima al llegar al minuto 90. El Real Valladolid B tenía en su mano la permanencia, gracias a su victoria momentánea y a los resultados que se estaban dando en el resto de la jornada y la Gimnástica Segoviana se encontraba casi desahuciada y dejaba de depender de sí misma para la última jornada de liga (solo se salvará u optará al partido de promoción de descenso si gana al Unión Adarve y tres equipos de entre Pontevedra, Toledo, Coruxo y Racing de Ferrol no logran hacer lo mismo).

Los continuos parones en el juego hicieron que el colegiado extremeño Antonio Sánchez Sánchez decidiera añadir 6 minutos extra al partido. Curiosamente fueron los instantes en los que menos sufrió el Real Valladolid B, que incluso tuvo dos ocasiones para hacer el gol de la tranquilidad.

El pitido final llegó y abrió la espita de la alegría que, desde el banquillo local, se desperdigó por todo el terreno de juego. La salvación (impensable hace solo cinco meses) estaba conseguida y ya solo quedaba festejarla. Seguro que nadie ha faltado a la celebración, como nadie estuvo ausente cuando tocó arrimar el hombro. El trabajo a la heroica a veces da sus frutos.

Miguel Rivera y Carlos Suárez se funden en un abrazo.
Miguel Rivera y Carlos Suárez se funden en un abrazo. / A. Tanarro

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