Las seis razones de la destitución de Luis César Sampedro

Luis César durante un entrenamiento/
Luis César durante un entrenamiento

El extécnico logró subsistir desde la rueda de prensa del 2 de marzo porque no perdió partidos

Eloy de la Pisa
ELOY DE LA PISA

¿Había negociado el Real Valladolid con Joaquín Caparrós mientras Luis César era el entrenador? Pues sí. O no. Todo depende a quién se pregunte. Juanma López, el representante del utrerano, dirá que sí. En los despachos de Zorrilla señalarán que fue un tanteo, un chequeo, un ver cómo estaban las cosas para por si acaso. En el fondo da igual. Esas conversaciones o como se quieran llamar fueron el denotante de la explosión el viernes 2 de marzo del entrenador gallego del Real Valladolid. Pero, como tantas otras veces, lo que se ha visto es solo la superficie. El mar de fondo era importante. Con todo, el club le mantuvo en el cargo mientras no perdió partidos y siguió ofreciendo una cierta imagen de equipo fiable. La derrota de Tarragona, y sobre todo el escaso juego y comprobar que nada ha cambiado realmente, han terminado por decidir a los responsables de que no debía continuar.

A Luis César se le reprocha desde haber tenido un comportamiento desleal hasta ser un entrenador que no ha exigido a los futbolistas todo lo que han podido dar. Reproches que dejan claro que hacía tiempo que no funcionaba la relación, porque de los resultados, poco a o nada se habla en el club. En los despachos del estadio se explican causas más profundas, muy alejadas del resultadismo.

1.- Deslealtad. El Real Valladolid entiende que con la rueda de prensa de aquel famoso viernes el entrenador pretendió forzar su destitución para evitarse tanto el trago de dirigir el encuentro ante el Rayo como por su deseo de empezar a prepararse el terreno para dirigir al Deportivo de La Coruña la próxima temporada. Y no solo eso. Molestó mucho que sacara la oferta de renovación del club de octubre cuando era ese un aspecto que no se había hecho público. Pero no por el hecho de airearla, que también, sino porque no dijo que fue él quién la bloqueó poniendo sobre la mesa una contraoferta totalmente inasumible para el club. El técnico pretendía una subida de ficha desorbitada y una salvaguarda ridícula para el caso de que él decidiera romper el contrato.

2.- Consejos doy y yo no tengo. El entrenador del Pucela no ha ocultado en estos días que se ha sentido muy solo en los momentos difíciles, y que ha echado en falta más cariño por parte de la dirección deportiva y de la presidencia. Se queja de que no se respaldó su continuidad y que apenas nadie hablaba con él. Desde el club recuerdan que Miguel Ángel Gómez dijo el día de la presentación de Rotpuller que el entrenador era Sampedro y que con él iban a seguir. Y abundan señalando que es extraño que se queje de que no le hablaba nadie cuando es la actitud que ha tenido él con los jugadores con los que apenas cuenta.

3.- Autocrítica. Es este uno de los puntos capitales de la decisión de sustituir a Sampedro. La ausencia casi absoluta de asunción de errores, su permanente discurso de despejar balones en las situaciones comprometidas, sus explicaciones fuera de micrófono en las que nunca había una palabra de crítica hacia él mismo. Ese discurso irritaba mucho en la dirección deportiva, consciente de que soliviantaba al vestuario.

4.- Los jugadores. Y, al hilo del punto anterior, resultó especialmente enervante que en la archinombrada rueda de prensa del 2 de marzo señalara a los jugadores como responsables de uno de los goles encajados en Córdoba. Y, en especial, que pusiera el nombre de Fernando Calero sobre la mesa. En el canterano se tienen puestas grandes esperanzas y no se entendió esa afán por resaltar un error, cuando el mensaje que se lleva lanzando toda la temporada es que con los jugadores jóvenes hay que tener paciencia para que vayan creciendo.

5.- Flexibilidad. Decir que la sangría de goles encajados no preocupaba a los responsables del club sería absurdo. Preocupaba. Y mucho. Y sobre ello han hablado muchas veces y mucho tiempo dirección deportiva y dirección técnica. Y pese a que las aportaciones de la parte deportiva pocas veces fueron asumidas por el entrenador, sí se vio una mejora en los encuentros de antes y después de Navidades. La victoria en Barcelona y ante el Sevilla Atlético, el empate en Tenerife, parecieron ianugurar una nueva etapa. Pero fue un espejismo y ante la Cultural se regresó a las andadas. Y se responsabilizó al entrenador de ello por su falta de flexibilidad y su empecinamiento en no probar otras soluciones.

6.- Exigencia. Otra de las claves. Un intangible que se conocía hacia dentro, pero que nadie parecía querer indicar. El caso es que hubo jugadores que en varias ocasiones expresaron sus perplejidad porque en las largas y exhaustivas sesiones de vídeo se pusieran de relieve errores que luego no se trabajaban en el campo de entrenamiento. Pareciese como que con señalar el error se iba a solucionar por generación espontánea. El técnico replicó, cuando se le hizo ver esa situación, que él trabajaba con profesionales y que había algunos conceptos que si no se conocían no podía arreglarlos. El caso es que una parte importante de la plantilla está en la idea de que el nivel de exigencia que se ha marcado era escaso. Y así lo han dicho.

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