Sentimientos encontrados

La grada, llena durante el partido ante el Sevilla Atlético. /A. Mingueza
La grada, llena durante el partido ante el Sevilla Atlético. / A. Mingueza
JAVIER YEPES

Aunque me fue imposible presenciarlo, creo que el partido de este último fin de semana, a tenor de lo leído y comentado, fue sin duda el de los sentimientos encontrados.

Desde el punto de vista afectivo y emocional, qué duda cabe que el desfile de esos niños afectados por esa enfermedad tan tremenda que es la leucemia ponía el primer sentimiento distinto al habitual en la piel del espectador.

Si algo en mi vida profesional realmente me ha impresionado siempre, ha sido el contemplar la expresión de un niño enfermo. Esa tristeza, generalmente serena, que solo mudaba en el rostro ante una alegría momentánea. Esa misma que ayer, contemplando las fotos, notaba en sus rostros por ese protagonismo regalado por el club.

Un protagonismo que el sábado cedieron los futbolistas, verdaderos artistas de este invento, a unos niños que jamás olvidaran ese momento en sus vidas.

A tenor de lo visto, tal parece que esa ovación merecida a los niños y al triunfo final del equipo la ofrecieron cinco mil personas más que las que lo hubieran hecho de haber mediado otros precios de las localidades.

Sentimiento, de nuevo encontrado, este de bajar los precios para aumentar el aforo. Algo novedoso e inteligente si lo que se pretende es llevar gente a Zorrilla que anime al equipo y genere afición.

En un estadio como el nuestro, un día de estos hablaremos de cómo y quién lo pensó y de quiénes lo inauguraron, la idea de que la parte alta de la Tribuna B fuese la tribuna infantil a casi coste cero es un tema muy antiguo que se remonta al comienzo de los 90.

Algo a lo que se debería volver para ilusionar y generar cantera de masa social. Cosa tan sencilla como crear asientos de socio adulto bonificado, si se acompañan de un socio infantil a coste simbólico. Son los niños los que tiran de los padres para ir al fútbol y no al revés.

El último sentimiento encontrado ha sido, desde mi punto de vista, el de ver cómo el equipo ha crecido en resultados en los dos últimos partidos, con portería a cero en ambos, al tiempo que desaparecía Toni de las alineaciones. Algo que solo es comparable al síndrome Isco en el Real Madrid.

Una vez recuperada la fiabilidad defensiva del equipo, al menos por lo visto frente a los dos filiales de la categoría, yo espero que las extraordinarias habilidades técnicas del jugador sirvan para otorgar un valor añadido al equipo.

Si Anuar –¡qué alegría!– ha terminado por demostrar que es el mejor 8 que tiene el equipo, se tardará poco en comprobar cómo Toni demuestra que es realmente el mejor 10. ¡Al tiempo!

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