El síndrome de Riddoch

Carlos Suárez/G. Villamil
Carlos Suárez / G. Villamil
CARLOS PÉREZ

El síndrome de Riddoch es una afección ocular que te limita para ver los objetos estáticos permitiéndote sólo ver los que están en movimiento. Puedes ver la lluvia que cae, pero no el paisaje que rodea esa lluvia. Este síndrome que padecíamos (mayestático) muchos aficionados del Real Valladolid otras temporadas, esta temporada se está convirtiendo en pandemia. Los rumores de venta de la parte de las acciones que tiene Carlos Suárez hacen que parezca que el club está parado. Como no hay movimiento, no vemos lo que hay. Es como esa mujer que da la razón a su marido. Como no lo ha oído nadie, todos creen que es mentira.

El caso es que ciertamente, todos estamos más atentos a esa presunta lucha de poder entre el presidente y el ex-vicepresidente y creemos que el resto del club está parado. Y yo que vivo al límite, me apuesto pincho y caña a que el día que empiece la liga tendremos plantilla, uniforme y campaña de abonados.

El que no haya movimiento no quiere decir que todo esté parado. De la misma forma que la temporada pasada mientras se criticaba a un secretario técnico, que al final no vino, por las chaquetas que llevaba, Miguel Ángel Gómez ya estaba trabajando para el Real Valladolid un tiempo, estoy convencido de que muchas cosas que queremos saber ya están atadas. O se está trabajando para atarlas lo más pronto posible. Y a su mejor precio.

Respecto a la posible venta del club, quiero decir que es una posibilidad que veo con precaución. Yo he sido crítico desde estas líneas en muchas ocasiones con Carlos Suárez. Y otras muchas he sido complaciente con sus actos. Creo que hoy el club está mejor que cuando él entró, aunque deportivamente hayamos estado, o estemos hasta que nos estabilicemos, como en los años sesenta y setenta del pasado siglo.

Pero veo el cambio con miedo, porque estas operaciones no suelen salir bien. Al menos en España. Hay demasiados casos de fracasos en estas operaciones. Soy partidario del cambio si éste es a mejor. No entiendo el cambiar por cambiar. Entre otras cosas porque no sé si somos el tipo de ciudad que quiere o necesita ese tipo de club y ese tipo de gestión.

No creo en el «más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer». Pero sí en el alguien vendrá que bueno te hará.

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