Real Valladolid

'STRANGER THINGS'

A banda Cambiada

JESÚS MORENO

Al Real Valladolid de principio de temporada, aquel que se divertía -y divertía- jugando, que abría los alerones como un coche de Formula 1 y volaba sobre los rivales, ya se le recuerda con la misma nostalgia con la que se rememoran los equipos de Cantatore, de Mendilibar o aquellos felices años ochenta de Gilberto, Yáñez o Da Silva. La alegría en casa de este pobre dura tan poco, cada vez menos, que no hace falta echar la vista años atrás para encontrar el retrato de lo que este club era, sino que basta con rememorar el inicio de la presente campaña para añorar lo que pudo haber sido y todavía no es.

El partido de Huesca, por más que un par de goleadas posteriores hicieran creer que no era más que una mala tarde de esas a las que solía referirse Chiquito de la Calzada, fue el punto de inflexión que transformó al Pucela en la peor versión de sí mismo. Una suerte de Real Valladolid del revés, al modo de 'Stranger Things¡. Es el mismo equipo, sí, pero desdibujado, más gris y más oscuro, como en penumbra. Con dificultad para no encajar y ahora también para marcar. Aquel día, Rubi -quién nos lo iba a decir- llenó el campo de minas, alumbró el camino a todos los rivales que le han precedido y cortocircuitó al Real Valladolid al que dejó sumido en un apagón de esos cuyas consecuencias se observan nueve meses después en forma de baby boom.

Desde entonces, el equipo -que se agarra al orgullo para mantenerse en pie a pesar de haberse acostumbrado a encajar el primer gol mientras está en el vestuario recibiendo la charla táctica de Luis César- muestra síntomas de estar descosiéndose, poco a poco como si le estuvieran tirando de un hilo, en su retaguardia y en su ataque. Y en su propia confianza a la que no le ayuda oponer frente a las adversidades más excusas que soluciones. Blanquear la actuación de la defensa en lo poco que los adversarios merodean el área o en el porcentaje de acierto que aquellos muestran de cara a la portería de Massip, o justificar el bache goleador a través del juego en que el equipo sigue siendo el máximo realizador, convierte los problemas que presenta el Real Valladolid en circunstancias ajenas contra las que no se puede luchar, eliminando con ello la responsabilidad de la plantilla y del cuerpo técnico para atajarlos.

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