Sueña Valladolid

Todos nos hemos ganado una semana más para soñar. Para gritar al mundo bien fuerte que Pucela existe

Sergio conversa con Gianniotas/G. Villamil
Sergio conversa con Gianniotas / G. Villamil
TONY POLA

Una ciudad entera por un equipo de primera. Un municipio unido en comunión en torno a unos colores privados, a la venta y representados por once tíos en pantalón corto tras una bola, pero que lucen preciosos en blanco y violeta. El opio del pueblo que tantas veces aporta malos valores y gestos, pero que, cuando se conjuran las estrellas, deja noches mágicas como la que vivió ayer Valladolid, una ciudad que anhela triunfos y cosas que celebrar. ¡Qué bonito es cuando una comunidad deja sus complejos a un lado para sufrir, reír y sentirse orgullosa de sus raíces! El sábado estábamos todos en Zorrilla: la ama de casa que nunca va al estadio, el escocés que voló desde el frío, la familia que se juntó para el partido, las futboleras, los jóvenes pucelanos, los peñistas, los del Madrid que se suben al carro ahora y hasta los que nos tuvimos que conformar con vivirlo desde lejos en una minúscula pantalla de móvil. También, cómo no, no fallaron los 8.000 fieles que van siempre al templo y que recorren toda España en busca del grial de la Primera División. Todos nos hemos ganado una semana más para soñar. Para gritar al mundo bien fuerte que Pucela existe y que tiene gente y cosas preciosas, que a veces solo se dan a conocer teniendo algo aparentemente tan frívolo como un equipo en la máxima categoría. Restan cuatro finales. Estábamos muertos y ahora no hay quien nos pare. Caminábamos con respirador y la cabeza agachada y ahora compramos por 20 euros nuestra primera zamarra del Pucela o desempolvamos la bandera para colgarla del balcón, orgullosos. En una semana de mociones, dimisiones, despedidas de soltero y otros eventos, el Real Valladolid volvió a tocar a la puerta del corazón de muchos. El sábado Pucela comenzó a ganar sus finales, intentando reclamar un sitio donde, claro que sí, merece estar. Que esto no sea flor de un día y que el playoff nos haga vibrar y soñar a todos, desde el conductor de autobús hasta el que va dentro de Pepe Zorrillo, pasando por los miles de seguidores que animamos desde la distancia. Sueña, Valladolid. Sueña fuerte, pero humilde. Permite que el fútbol nos aleje del estrés, de la falta de trabajo, del desamor... Permite que una ciudad que dicen fría pueda rugir más caliente y unida que nunca.

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