Tocar de oido

Desde la banda

La igualdad de la Segunda División es tal que el pesimismo no es inteligible cuando se está en el pelotón de los diez primeros

Chris Ramos supera a su defensor en el partido de Lugo. /R. Gómez
Chris Ramos supera a su defensor en el partido de Lugo. / R. Gómez
CARLOS PÉREZ

Ya he dicho alguna vez que yo no tengo ni idea de fútbol. Por eso yo en estas líneas rara vez he hecho algún comentario técnico sobre cualquier entrenador y desde Djukic hasta hoy han pasado unos cuantos. Me cuesta mucho decir que un entrenador con años de carrera que lleve más lo que llevase como futbolista no tiene ni idea, sin haber jugado yo al fútbol más que en la calle con las botellas de leche mientras esperaba al autocar que me llevaba al Colegio San Agustín. Pero me gusta el fútbol y con esto pasa como con el vino, que sin entender sabes si un vino es bueno o malo solo con probarlo.

Ese recato mío a la hora de juzgar a quien sabe más que yo hace que quiera ser especialmente crítico con quien sí lo hace. Me hace gracia escuchar en alguna tertulia que Luis César tiene la suerte de que Mata haya metido veintipico goles. O sea, que alguien que a buen seguro triplique su mejor marca de goles en segunda jugando algún año promoción de ascenso a primera es suerte. Debe ser la misma suerte que hace que Joselu marcase veintitrés la temporada pasada, una cifra que multiplicaba por tres su mejor cifra hasta esa fecha y duplicará los que lleva esta temporada.

De igual forma me hace gracia la que he oído hoy que dice que Luis César cambia a Ontiveros en los momentos en que mejor juego hacemos. A nadie se le ocurre pensar que jugamos mejor cuando hacemos los cambios, es más fácil pensar que jugamos mejor desde el minuto setenta a pesar de que sea el momento en que se cambia al malagueño.

Hay una tendencia a decir que es imposible que nos metamos en la promoción de ascenso cuando tenemos casi las mismas probabilidades que el quinto o el sexto. Eso del refuerzo positivo se nos ha olvidado. Nos hemos tirado medía temporada pidiendo solucionar la sangría de goles que nos hacían y ahora estamos descontentos porque metemos pocos. Vemos el fútbol con ojos de madridistas o barcelonistas y nos pensamos que estamos en disposición de dominar la liga como si fuéramos ellos.

Mirad, en la segunda inglesa entre el primero y el undécimo hay veintisiete puntos, en la italiana diecinueve (el líder con un partido menos), diecisiete en la alemana y veintinueve en la francesa. En España esa diferencia es de diez puntos. De eso la culpa no la tiene Luis César, sino nuestra competición que donde muchos dicen que es de poca calidad yo digo que es igualada.

Yo suelo culpar poco a los entrenadores porque creo que el futbol es de los futbolistas. Pero estos no deben jugar con la mochila de la exigencia de estar cuatro años seguidos en segunda. Hay que ser exigente y poco auto complaciente, pero desde el optimismo y la crítica constructiva.

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