Todo mal

A banda cambiada

Analiza el autor las dos caras que presentó el Real Valladolid ante el Numancia, la nueva bestia negra de los blanquivioleta

Mata, nada más marcar el 1-0 alnte el Numancia. /G. Villamil
Mata, nada más marcar el 1-0 alnte el Numancia. / G. Villamil
JESÚS MORENO

El Numancia, tan irreductible que podrían pasar por la versión española de Astérix y Obélix, va camino de convertirse, dentro del acervo popular blanquivioleta, en ese conjunto imbatible que permita revisar y actualizar el gafe que antes solo se decía de aquel rival que acudía a disputar ‘partido de ferias’; en una bestia negra de nuevo cuño, en un coco con el que los padres asusten a sus niños si estos no se duermen pronto. Los de Soria han adquirido todas las armas para infringir dolor de la manera más cruel, no importa si es en primera o en segunda división. Se agazapan, permiten que el Real Valladolid se adelante, que se luzca, que se confíe. Que se vea ganador para poder asestar un golpe tan desalmado que sirva al mismo tiempo para arrebatar la victoria al equipo, la confianza a los jugadores y la ilusión a los aficionados.

Así, era fácil adivinar la tormenta de abucheos con la que aquellos que aún quedaban en la grada despidieron al equipo una vez finalizó el partido frente al Numancia. En eso, y en casi todo, hemos mejorado desde que el ochentero fútbol duro, de pierna fuerte, campos embarrados y medias caídas, de público en pie y bengalas en las gradas, cambió por otro más siglo XXI elegante, civilizado y pacífico desde el césped hasta el espectador más pasional: no es necesario recurrir a la violencia para demostrar la desolación por la derrota en un partido ganado apenas media hora antes.

Sin embargo, se entienden menos aquellas disertaciones que, aun en frío, continúan cargadas de énfasis y pesimismo. La frustración es una emoción demasiado potente y difícil de canalizar cuando las expectativas no se alcanzan y las ilusiones se quiebran, pero resulta irreal e injusto que, guiados por la rabia que ella genera, se realice una enmienda a la totalidad a lo visto durante el global del partido. Tan cierto es que el entrenador, a partir del primer gol rival, tuvo un mal día -otro más se podría decir- como que la alineación, el planteamiento y lo visto durante sesenta minutos podrían ser la base sobre la que reflotar confianza, juego y resultados. Lo peor que se puede hacer en estos momentos es, basándonos en un resultado adverso, negar las virtudes y aumentar los defectos. No en vano, el germen de la autodestrucción se encuentra en aquellos análisis que, bajo la apariencia de crítica, no esconden otra cosa que un criterio eternamente insatisfecho.

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