Todos a una

Los jugadores se fotografían junto a la afición tras eliminar al Sporting el pasado domingo en El Molinón./Ramón Gómez
Los jugadores se fotografían junto a la afición tras eliminar al Sporting el pasado domingo en El Molinón. / Ramón Gómez
JUAN ÁNGEL MÉNDEZ

Lo escribió con maestría Lope de Vega y el Real Valladolid lo ha asumido como el dogma sobre el que quiere construir su ascenso. Todos a una, entrenador, jugadores y afición. Aquí ya no hay fisuras, nadie mira para otro lado o deja de correr cuando al compañero le hace falta un capote. La solidaridad como bandera para conseguir el bien común. Fuenteovejuna adaptada al fútbol. Un ejemplo de esta unión lo representa el esprint que se dio Becerra tras la victoria ante el Sporting para abrazarse con Masip, el futbolista que le ha dado sombra durante todo el curso. La memoria ha eliminado la angustia del pasado y todos miran con ilusión al futuro. El éxito no recae en individualidades, sino que es la consecuencia del poder del grupo, al que Sergio ha convertido en un ariete implacable.

Es curioso ver cómo funcionan ahora futbolistas antaño desterrados como Nacho, Míchel, Toni o Hervías. Al menos llegan al desenlace con el depósito lleno. Es lo único que hay que agradecer al anterior técnico. El resto son solo amargos recuerdos, que ahora han perdido su sitio en favor de un vestuario que cree en lo que hace y que ofrece exhibiciones de sacrificio, orden, criterio y buen fútbol en cada envite.

Presenciar un partido del Real Valladolid de Sergio resulta un ejercicio de autoayuda y motivación para el hincha, acostumbrado a penar, que ahora presume de equipo. Es la diferencia. Y más allá del juego ofensivo, los valores que transmite el conjunto blanquivioleta nacen de la presión. Antes, el cuadro castellano defendía mal y atacaba como pollo sin cabeza. Ahora, el primer empujón al contrario se lo dan Mata y los jugadores que actúan en la mediapunta, que se transforman en perros de presa cuando el adversario intenta sacar el balón jugado. El resto ocupa los espacios con tino y compás, mientras las líneas se cosen delante de Masip, que ahora ve el fútbol sin ansiedad.

Todos a una. Con esta filosofía hemos llegado hasta aquí desde que Sergio dirige las operaciones y con esta comunión necesita afrontar el Real Valladolid los dos encuentros que le separan de la gloria. El Zaragoza y el Sporting han saboreado la bofetada que significa sentirse ganadores antes de pisar el verde. Estoy seguro de que los blanquivioleta han tomado nota. Saldrán a ganar, pero nunca deben confundir el favoritismo que le entregan sus buenas sensaciones con un falso complejo de superioridad, que les puede bajar de la nube de un guantazo. El paraíso, a la vuelta de 180 minutos. No aflojéis. Os merecéis más.

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