Tren de aterrizaje

Análisis

Todo parece hecho, pero nada está terminado. El Valladolid transmite las mejores sensaciones, pero queda rematar el trabajo

Tren de aterrizaje
JAVIER YEPES

Cumplió el equipo ayer en Soria, al tiempo que situaba el tren de aterrizaje del avión que nos conduce a primera división en la pista asignada y tan solo pendiente de la orden de tomar tierra.

Es decir que tras la euforia que se desató ayer tras el pitido final, lo que realmente procede ahora es ser reflexivos y pensar que quedan otros noventa minutos, donde sí que definitivamente habrá equipo castellano y leonés en la máxima categoría del fútbol español.

Quizás le pueda extrañar a alguno este comentario en un momento tan propicio para la euforia; sin embargo, una experiencia muy dilatada me dice que en el fútbol la confianza desmedida y el desprecio al riesgo son enemigos acérrimos del éxito final.

Dicho lo cual, es obvio que en estas condiciones, y a cuarenta y ocho horas de la vuelta, lo lógico sea pensar que el paso de gigante alcanzado en Los Pajaritos se convierta en traca final el sábado para celebrar el ansiado ascenso.

Para ello, bueno será llenar hasta reventar el Zorrilla, animar sin pausa al equipo y que sea la propia afición la que marque la pauta del juego con sus gritos y su apoyo.

Ayer el equipo volvió a jugar un partido excelente en Soria, goleando y demostrando una superioridad apabullante ante un Numancia que hizo lo que pudo.

Es ese mismo equipo que lleva ya unas cuantas semanas convencido de que puede y debe hacer lo que esta haciendo porque está capacitado para ello.

Y cuando en fútbol se alcanza este grado de confianza, ocurre que Hervías, que no es Puskas precisamente, cada golpe franco que ejecuta lo convierte en tanto.

¿Confianza, determinación, ánimo para realizarlo... o todo en uno? ¿O es que el sentimiento de importancia y de reconocimiento, produce estos efectos? Seguro.

Si esto lo extrapolan al resto del equipo, empezaremos a entender el porqué de los éxitos. Ahora ya son buenos todos los futbolistas, constituyendo los veteranos una necesidad y los canteranos una obligación.

Cuando esto haya terminado, y podamos celebrar el ascenso, será bueno darle el mérito a la persona que ha transformado un equipo medroso y encajador en otro fuerte, hasta el punto de tener a sus centrales por goleadores. Hoy, por corporativismo lo silencio.

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