Usain Bolt

Los jugadores corren a abrazar a Mata tras su primer gol frente al Albacete. /Alberto Mingueza
Los jugadores corren a abrazar a Mata tras su primer gol frente al Albacete. / Alberto Mingueza
JUAN ÁNGEL MÉNDEZ

El mejor velocista de la historia prepara su último reto. Quiere despedirse con el oro que ha bañado toda su carrera. Son sus últimos Juegos Olímpicos y busca ensanchar su leyenda con un nuevo éxito. La travesía ha sido larga y compleja. Interminables sesiones de entrenamiento en las rústicas instalaciones de su Jamaica natal, una lesión inoportuna que le tuerce el gesto y una cruda lucha interior por escapar del conformismo que le otorga su palmarés y apostar por entregar sus últimos gramos de energía para ganarlo todo en Río 2016. Cuando Usain Bolt se calza las zapatillas y descose su sonrisa concluye la angustia y corona el desafío desde lo más alto del podio. Es el número uno. Lo gana todo.

El Real Valladolid llega al desenlace con las mismas cicatrices que Bolt en su último año. Tiene el cuerpo agujereado y su mente está exhausta tras librar una batalla épica contra su incertidumbre interior. Llegados a este punto, el conjunto blanquivioleta tiene que lucir galones. Le quedan tres envites y no puede terminar descalificado en los tacos de salida. Es el momento de demostrar que quiere y puede. Ha sacado la cabeza de la trinchera y los rivales, como Gatlin con Bolt, le miran con recelo porque saben que tiene potencia y fe para llegar antes a la meta. Pero tiene que atravesar la teoría y aterrizar en la práctica, no vale con la vitrina, sino que tiene que agitar sus piernas sin descanso y olvidar las estrechuras de meses pretéritos.

Las últimas victorias ratifican que el cuadro castellano avanza con paso estable, pero no termina de rematar un partido redondo, sin sobresaltos o recuerdos de tiempos peores. Si quiere colgarse el oro de la promoción, el conjunto vallisoletano debe limar los gazapos que dieron vida al Albacete en el último duelo o destilar un pelín más de ambición que la mostrada en Soria. Solo así conseguirá cumplir con su obligación de ganar en Lorca para llegar en pie a las dos finales que le aguardan ante Zaragoza y Osasuna.

La temporada, a la vuelta del último esprín. El Real Valladolid está como Bolt cuando leía los periódicos antes de Río y una gran parte de la crítica colgaba el cartel de favorito a Gatlin. Los titulares que apostaban por su derrota inyectaban en su organismo el sacrificio que necesitaba para llegar a la cita en el punto óptimo, mental y físico. En el caso del equipo albivioleta, la afición aguarda el desenlace con esperanza, pero lleva tantos bofetones en el rostro que no termina de confiar plenamente. Es el turno de los jugadores. La plantilla ya está erguida, ahora solo falta el último empujón para ratificar que, ahora sí, van directos hacia la última batalla. Tal vez sea el instante de recuperar el

#NoAflojes para meter el primer gol de cada partido.

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