Real Valladolid

El Valladolid empata en Gijón ante un flojo Sporting

Masip encaja el primer gol, a los cinco minutos de partido./R. Gómez
Masip encaja el primer gol, a los cinco minutos de partido. / R. Gómez

Las paradas de Masip y Mariño decidieron un encuentro en el que los blanquivioletas jugaron mejor que su rival, pero con demasiados errores

Eloy de la Pisa
ELOY DE LA PISAValladolid

El Real Valladolid sigue sin ganar. Y ya son cinco las jornadas consecutivas. Y, esta vez, aunque sacara un punto del Molinón, no dejó especiales buenas sensaciones. El empate no debe impedir ver el bosque de un equipo que cometió excesivos errores, y al que esta vez Masip sacó de apuros con dos parada magníficas en sendos mano a manos. Cierto es que Mariño sacó tres balones de gol en la segunda mitad, pero todo el conjunto no puede ocultar los graves problemas que tiene este Valladolid de Luis César.

1 Sporting

Mariño, Calavera, Álex Pérez, Barba, Isma López, Canella, Álex Bergantiños., Rubén García (Carmona, min. 76), Moi Gómez (Rachid, min. 84), Santos, Stefan (P. Pérez, min. 82)

1 Real Valladolid

Masip, Antoñito, Kiko Olivas, Deivid, Nacho, Luismi, Borja, Hervías (Míchel, min. 72), Iban Salvador (Plano, min. 59), Toni(Mayoral, min. 88) y Mata

Goles
1.0, min 5: error de Nacho que permite la entrada de Bergantiños y el centro para que remate Stefan. 1-1, min. 75: Luismi remata de cabeza un saque de esquina
Árbitro:
Cordero Vega, del colegio cántabro. Amonestó a Bergantiños (min. 26), Calavera (min. 27), Santos (min. 30), Nacho (min 45+), Rubén García (min. 49), Deivid (min. 57), Borja (min. 68), Toni (min. 70)

La primera mitad del Valladolid fue para olvidar, porque se convirtió en un equipo metiroso: promete mucho, pero no hace nada. El equipo se situó fatal en el campo, en el centro dejó enormes espacios, el toque no tuvo más objeto que sembrar el terror en los aficionados y en la parte de delante el juego de conjunto brilló por su ausencia. Eso sí, que en la primera llegada recibiera un gol, tampoco es ya noticia. Si acaso, costumbre.

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El Valladolid de los primero 45 minutos mostró cientos de carencias y ninguna virtud. Luismi, mal situado y perfilado siempre, no ayudó a nadie, y Borja, que no fue capaz de imponerse a sus compañeros para colocar el equipo, padecían especialmente el agujero que el sistema del testarudo Luis César provoca en el centro del campo. Y los centrales, timoratos, desconfiados y tímidos, entraban en esa rueda. Para más inri, Salvador se convertía en un intermitente de los que acostumbran a ignorar los conductores en Valladolid; Hervías se empecinaba en hacer la guerra por su cuenta y Mata y Toni se desesperaban buscando un balón que nadie les daba. En conjunto, poca cosa. Tan poca que hasta los centrales. Con todo este percal, el Valladolid dominaba a un Sporting que no juega a nada, pero que le sobraba con aprovechar los generosos regalos de su oponente, deseoso de anticiparse a las navidades.

La segunda parte lo que dejó ver fue que el Sporting, como el Valladolid del año pasado, no juega a nada reconocible. Para algunos la culpa de esa inexistencia será por el juego del Valladolid, pero por lo visto sobre el césped, más fue la propia falta de patrón de los astures. Y el Pucela se aprovechó de ello pese a que mantuvo un altísimo porcentaje de errores atrás y a que realmente no mejoró demasiado en el juego. La diferencia, esta vez, estuvo en que se remataron los saques de esquina y en que del caos supo sacar más provecho el equipo visitante. Toni, Míchel, Plano en la línea de creación asegura profundidad, pero también menos control. Afortunadamente, en ese aspecto Borja y Luismi mejoraron las prestaciones de la primera parte y supieron contener mejor a los rivales.

El empate final dejó más satisfechos a los locales que a los pucelanos, que quizá merecieron algo más, pero no es menos cierto que esta vez los protagonistas fueron los porteros. Ambos. Y en positivo. Y cuando eso ocurre, lo normal es que la justicia se defina por el empate.

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