Victoria con despistes

Antoñito y Toni pelean con Melero, en el centro, durante el partido ante el Huesca. /R. Gómez
Antoñito y Toni pelean con Melero, en el centro, durante el partido ante el Huesca. / R. Gómez
TONY POLA

Tras la visita de Rubi y su Huesca, líder de Segunda, muchos han alabado al técnico catalán, recordando sus bondades y criticando la supuesta poca paciencia de un sector del público vallisoletano. Sin dudar de las virtudes humanas del entrenador y reconociendo que lo está haciendo bien ahora, conviene recordar que, cuando estaba en Valladolid, no terminó de ilusionar a buena parte de esa exigente afición. Sirva como muestra la columna que publiqué después de nuestra eliminación en ‘play off’, sin tirar a puerta, contra Las Palmas en 2015: «Caer sin pena ni gloria es la consecuencia lógica de llegar al final de la Liga sin un patrón claro de juego. El Real Valladolid, un histórico de Primera, no puede conformarse con sobrevivir en Segunda, esperando a ver si suena la flauta del ascenso. Rubi no ha logrado encadenar tres o cuatro buenos encuentros», escribí. Lejos de querer menospreciar al entrenador del Huesca (otros como Benítez tampoco cuajaron en Pucela y luego han tenido una buena carrera), quiero hacer énfasis en aquellas palabras en las que resumía nuestra temporada como un año en el que no se tuvo un esquema de juego claro y nunca se llegaron a encadenar tres partidos seguidos serios. Así, nos presentamos a las eliminatorias de ascenso con una mala base… Y pasó lo que tenía que pasar.

«El Real Valladolid, un histórico de Primera, no puede conformarse con sobrevivir en Segunda, esperando a ver si suena la flauta del ascenso»

Luis César, hay que reconocerlo, parece que ha encontrado tras una primera vuelta dando tumbos, un sistema que le va mejor al equipo. El problema puede ser ese que quizás viene arrastrando el Pucela desde hace ya varias Ligas; ese mismo que yo achacaba a Rubi: Hay que demostrar una fiabilidad y una regularidad que nos permita afrontar los partidos decisivos con opciones reales. En 2015 llegamos a ‘play off’ con la sensación de ‘a ver qué pasa’, mientras que, por ejemplo, el año de Djukic se llegó habiendo perdido solo 6 partidos y con muy buenas sensaciones.

Alcanzar las últimas jornadas cerca de la parte alta podría bastar, pero el ascenso siempre será más factible si se cimienta bajo argumentos sólidos. Se han logrado 13 de los últimos 18 puntos posibles con el nuevo sistema y se venció al líder, pero también nos empataron con diez jugadores tras ir ganando por dos goles. El equipo, parece, está en una dinámica positiva, pero tiene que dar ese golpe sobre la mesa y encadenar, de una vez, dos o tres partidos sin despistes que sirvan para que todos nos lo creamos de verdad.

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