Zipi y Zape

A banda cambiada

El debut de dos canteranos blanquivioletas en un partido cuya rivalidad es cuestionable

JESÚS MORENO

La última vez que el Real Valladolid visitó León en partido de liga, sin contar el encuentro disputado el domingo pasado, yo no había nacido, mis padres aún no se habían casado, España vivía en una dictadura y el germen de lo que ahora se mal llama Régimen del 78 por aquellos que desde la comodidad de la democracia quieren realizar una enmienda a la totalidad, no era otra cosa que una idea de libertad puesta en común casi en la semiclandestinidad.

Me cuesta creer, por este motivo, que el derbi autonómico disputado este último domingo se tratara de un asunto meramente deportivo. No es posible mantener, sino de forma artificial, impostora e impostada, una rivalidad de este tipo si los contendientes no se enfrentan en más de cuarenta años. La única manera de entender la sobre excitación que se vivía en León y que se trasladó desde la grada al propio césped, debe enfocarse desde un punto de vista de agitación política victimista, prejuiciosa y acomplejada, que es la única capaz de trasvasar un sentimiento de agravio al mundo del deporte. En su día leí, en una expresión que pretendía parafrasear a Karl von Clausewitz, que el fútbol es la continuación de la guerra por otros medios. En estos tiempos, por lo exagerado que pueda sonar la expresión, quizá resulte más conveniente considerar que se trata de la política, y no de la guerra, la que se extiende sobre el fútbol para proseguir con sus reivindicaciones, con su propaganda, con sus mítines y con sus consignas. Para hacer enemigos y no rivales, para reafirmar a Maradona cuando decía que en su deporte lo único limpio es la pelota.

Sin embargo, en aquel ambiente intoxicado y hostil -que incluso provocó que aflorara la cara más zafia, más grosera y, probablemente, más real de algún jugador- se pudo observar el paso de la niñez a la etapa adulta de dos chicos. Sin caminar por la adolescencia porque, como les ocurría a los niños de la guerra, cuando la responsabilidad llama a filas, ésta no tiene por costumbre detenerse en la edad del convocado. Toni y Anuar, el rubio y el moreno, crecieron de golpe, sin arrugas en la frente con las que disimular su chupete. El domingo pasado, en partido tan intenso que no permite jugar al escondite, Zipi y Zape se hicieron mayores.

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