Fútbol

La academia desde la que Salisu, Seydou y Baba llegaron al Real Valladolid

Varios jugadores, antes de una sesión de entrenamiento en el campo de la academia./F. C.
Varios jugadores, antes de una sesión de entrenamiento en el campo de la academia. / F. C.

La Africa Talent Football Academy cuenta con poco más de año y medio de vida y aspira a convertirse en referencia para la captación de talento futbolístico en Ghana

J. A. Pardal
J. A. PARDALValladolid

Mohammed Salisu, Saeed Issah (más conocido en el mundo del fútbol como Seydou) y Baba Alhassan son ya tres habituales de los campos de entrenamiento del Real Valladolid. El primero de ellos entrena con el primer equipo y habitualmente disputa los encuentros del segundo; mientras que sus dos compañeros, ghaneses como él, forman parte del Promesas de Segunda División B y del Juvenil A de División de Honor, respectivamente, aunque ambos participaron en la pretemporada del equipo entrenado por Miguel Rivera.

Son, desde luego, tres de los futbolistas con más proyección de las categorías inferiores del club, a donde llegaron hace pocos meses procedentes de la African Talent Football Academy, donde aprendieron a ser futbolistas, pero también se formaron para el futuro; más allá del mundo del deporte profesional.

Este proyecto de formación de deportistas está dirigido por el entrenador español Fran Castaño, nacido en la provincia de Madrid y que tras trabajar en el Jaén, el Leganés o el San Sebastián de los Reyes decidió marcharse a África en busca de «un proyecto diferente». El técnico optó por instalarse en Ghana aprovechando que el idioma oficial del país es el inglés y, de la mano de una empresa que lleva voluntarios al continente negro, comenzó a conocer la realidad futbolística del país, participando en uno de los proyectos de la entidad. «Yo les ayudaba con un equipo que tenían y ellos me daban alojamiento», resume Castaño, que a lo largo de esta semana estuvo en Valladolid para visitar a los que fueron sus pupilos.

Su desempeño en el país subsahariano le llevó a hacerse cada vez más conocido en la región hasta que terminó por convertirse en seleccionador de la sub-17 de Níger que disputó el Campeonato Africano de 2015 y en el de la sub-20 del mismo país que participó en la fase clasificatoria de la Copa de África. Unos meses más tarde, tras pasar por España, repitió salto y dirigió también a Mauritania sub-17.

Con este bagaje consiguió que un inversor británico se interesase por el proyecto que ya llevaba rondándole la cabeza desde mucho tiempo antes: el de crear una academia de fútbol en el corazón de África.

En la imagen grande, los jugadores de la academia asisten a una clase de francés. A la derecha, el campo en el que Fran Castaño, director de la academia, descubrió a Salisu y a la izquierda Seydou, Baba y Salisu durante su etapa en al ATFA. / F. C.

Tras barajar varias localizaciones, la African Talent Football Academy (ATFA) echó a andar en marzo de 2017 utilizando como sede una gran casa que cuenta con un campo de césped natural. «Más bien es una era, porque no hemos plantado la hierba, sino que jugamos sobre la que ha crecido allí», puntualiza el creador de la escuela, que insiste en la falta de infraestructuras deportivas predominante en el país ghanés. «No existen las categorías inferiores; las únicas ligas son la Premier League, la Primera y la Segunda y en ellas compiten chavales de 14 años con hombres, lo que hace que sea un fútbol muy físico e incluso violento. Nadie protesta porque en la siguiente jugada será el que ha recibido el golpe quien lo dé».

Para remachar sus impresiones sobre cómo son las competiciones de aquel país, Fran Castaño asegura que la organización es «un desastre» e incluso recuerda que «una temporada ni siquiera se disputó porque la anterior comenzó muy tarde y se solapaba con la siguiente». Pese a ello, asegura, el nivel de los futbolistas es «de los mejores de toda África». «Son jugadores muy creativos, aunque en los equipos se les coartan esas ideas. En lo físico, son más bajos que los de otras partes del continente, pero muy fuertes», analiza.

Él supo ver todos estos condicionantes en un país en el que «no hay nada más importante que el fútbol» y diseñó una academia que otorga herramientas físicas y tácticas a los jugadores, pero también conocimientos para desenvolverse en la vida diaria y en Europa, el destino soñado para los jugadores y el objetivo principal de una idea nacida «para buscar talento».

A las 6:00, a entrenar

Todos los residentes tienen entre 14 y 17 años, puesto que al cumplir la mayoría de edad la UEFA ya les permite participar en ligas del viejo continente. A esa edad o salen al viejo continente o se quedan jugando en las ligas de su país.

A diario se levantan muy pronto y entrenan a partir de las seis de la mañana, antes de acudir al colegio. Tras la comida pasan la tarde completando otra sesión de entrenamiento o participando en clases de inglés, francés o español, dependiendo del idioma que domine cada uno de ellos, puesto que los 32 jugadores que actualmente se encuentran internos proceden de diversos países; cada uno con un idioma oficial. Para darles todo este soporte, en la ATFA trabajan, además de Fran Castaño, un entrenador, su asistente y un preparador de porteros; un fisioterapeuta, tres cocineros, un conductor que además hace las veces de conserje, dos profesores de idiomas y un delegado de campo.

Una dura adaptación

Más allá de los conceptos teóricos y tácticos que se ejercitan con los jugadores en lo que más hincapié se hace es en ayudarles a asimilar el salto que están cerca de dar. «Algunos chicos han terminado abandonando la academia porque no iban a ser capaces de acostumbrarse a la vida en Europa», afirma el director, que asegura que los tres jugadores que han llegado a Valladolid son «chicos muy centrados». «Sin una mente fuerte no podrían adaptarse a un cambio tan radical», remata.

Sali es propiedad del Real Valladolid hasta 2021 mientras que Seydou y Baba se encuentran aquí cedidos con opción a compra. Han sido los primeros en viajar a Europa, a donde llegarán próximamente otros seis futbolistas salidos de las mismas instalaciones. «Todo les llama la atención. La cinta del aeropuerto, las escaleras mecánicas... Les cuesta un poco acostumbrarse a la comida, pero lo peor para ellos ha sido el frío», cuenta Fran Castaño, que, entre sonrisas, asegura que cuando charlaba con alguno de ellos «casi lloraba por el frío que estaba pasando». No hay que olvidar que en Ghana la temperatura media no baja de los 21 grados en todo el año y que Salisu aterrizó en Pucela en octubre y sus dos compañeros en marzo «justo en unos días en los que hizo un tiempo terrible». Dentro de la cancha también están obligados a aprender a jugar de otra forma. «Lo que les resulta más difícil de entender es el juego, porque están acostumbrados a que en Ghana les digan lo que tienen que hacer y aquí tienen que pensar y tomar ellos las decisiones».

Ahora lo que más ansían es jugar más y más al fútbol, un medio de vida que para los mejores futbolistas de su país supone entre 300 y 400 dólares al mes. «Saben lo difícil que es esto; yo siempre les digo que pueden llegar a todo o quedarse en nada».

«El siguiente paso es comprarnos un minibús»
Fran Castaño, director de la African Talent Football Academy. / Rodrigo Jiménez

La African Talent Football Academy de Ghana echó a andar en marzo de 2017, pero su velocidad de crucero hace mirar a sus responsables cada vez más y más lejos. Es aún una iniciativa humilde cuya intención es llegar a ser la academia futbolística de referencia en el país, donde compite actualmente con la West African y con Right to Dream, con presupuestos diez veces superiores al suyo y con instalaciones mucho mejores que las de algunos clubes europeos.

A corto plazo Fran Castaño, director de la ATFA, aspira a conseguir un minibús que sustituya al 'trotro' (una especie de furgoneta) que utiliza habitualmente para moverse junto a la treinta de futbolistas que forman parte de su entidad. Después de eso llegaránun campo de hierba artificial, una nueva residencia y, sobre todo, una red más amplia de captación de jugadores que se extienda a más países de los que actualmente puede tocar la academia.

El madrileño está encantado con la experiencia de sus tres pupilos en Valladolid, donde considera que se les ha tratado con mucho mimo y que se les ha cuidado a la perfección. Por todo ello, Salisu (nacido en marzo de 1999) continúa formando parte del Real Valladolid puesto que el año pasado tuvo ofertas de multitud de equipos tras su irrupción en Segunda B. «Después de jugar contra el Celta B (en el segundo partido del ghanés con el Promesas) fue una locura. Nos llamaron de muchos sitios con buenas ofertas, pero Sali quería quedarse en Valladolid porque el club apostó por él y está contento en la ciudad», relata Castaño, que considera que el central «irá a más». En el caso de Seydou (1 de enero del año 2000) y Baba (3 de enero del 2000), las circunstancias son similares. «Les va a costar adaptarse al fútbol europeo, pero tienen grandes cualidades», confirma.

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