Aclimatación y normalidad

El autor recuerda a la primera plantilla del Real Valladolid las bofetadas que acarrea jugar en Primera División

Ünal y Borja se preparan para la llegada del balón, en una acción ante el Alavés. /R. Gómez
Ünal y Borja se preparan para la llegada del balón, en una acción ante el Alavés. / R. Gómez
JUAN ÁNGEL MÉNDEZValladolid

El Real Valladolid tiene la misma sensación que el escalador que va camino de su primer ochomil e intenta adecuar su organismo a las nuevas sensaciones que genera en su cuerpo la notable diferencia de altitud que experimenta en el ascenso a la cima. En el caso de la entidad blanquivioleta, su aclimatación cuenta con dos filos, el institucional y el deportivo.

Por partes. Primero abriré la puerta de la oficina. Es tiempo, y cuanto antes mejor, de que la ciudad y sus inquilinos se adapten a lo que representa la figura de Ronaldo y apliquen normalidad a su tránsito por la urbe. Es hora de que la faena se traslade del escaparate a la trastienda. Hay que convertir en un hecho cotidiano la presidencia del crack brasileño. Es momento de finiquitar los selfies, las aglomeraciones en torno al Mercedes negro de alta gama o los codazos por estrechar la mano del mito. Hay que dejarle trabajar con sosiego y entender su figura como un elemento de impulso económico y deportivo, no como un fetiche con el que multiplicar fans en redes sociales. Evitemos que opte por el teletrabajo para escapar de las palmaditas y las bromas sin gracia. Asúmanlo, Ronaldo es el presidente y ha venido para hacer grande al Real Valladolid, no para ser un elemento de culto. Básicamente, porque el fútbol no tiene memoria y lo que hoy es un mimo mañana puede ser un exabrupto. Y no es plan.

En el segundo escenario, el deportivo, el conjunto blanquivioleta recibió el domingo su primera bofetada de realidad. Una bienvenida a LaLiga en toda regla. En Primera no hay margen de error, los rivales tienen calidad para machacarte en un suspiro. Es lo que ocurrió ante el Alavés. Un gazapo y adiós al punto amasado durante 93 minutos. Más allá del tropiezo, una anécdota a estas alturas del curso, el Real Valladolid firmó una actuación que genera cierta inquietud, sobre todo en ataque.

El bloque continúa bien sellado. El equipo presiona con orden y solidaridad, pero cuando tiene que desplegarse se queda sin ideas, hay pocos desmarques de ruptura y solo Toni se atreve a desbordar, lo que facilita la cohesión de las líneas del contrario. También se arriesgó con la finta Plano cuando escoró su posición a la izquierda, pero como segunda punta estuvo opaco. Míchel mejoró la fluidez en el centro del campo y aportó otro punto de vista, justo lo contrario que Ünal, tan rígido como escaso de movilidad para cazar ocasiones y abrir espacios, o Keko, obturado en el regate y la definición. Es pronto, pero un examen de conciencia a tiempo servirá para agitar el árbol y acelerar el proceso de aclimatación a un campeonato que no te permite sobrevivir sin gol.

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