Aduriz, el salvavidas del Athletic que emergió del Pisuerga

El donostiarra es el delantero al que siempre recurre el conjunto bilbaíno cuando las cosas se ponen feas

Aritz Aduriz, con 24 años, en su primera temporada en el Real Valladolid/
Aritz Aduriz, con 24 años, en su primera temporada en el Real Valladolid
Eloy de la Pisa
ELOY DE LA PISA

Valladolid. Temporada 2004-2005. El Real Valladolid es uno de los descendidos y en su plantilla figuran futbolistas como Bizarri, Víctor Fernández, Alberto Marcos, el Chino Losada, Jesús Sánchez Japón y Mario. Cedidos del Sevilla con proyección como el sevillano Óscar Rodríguez o Germán Hornos y un tal Aritz Aduriz, una apuesta personal de Santi Llorente, secretario técnico del equipo. El delantero, de 23 años, jugaba la temporada anterior en el Burgos, en Segunda B, y el anuncio de su llegada a Zorrilla pasó sin pena ni gloria. Con una plantilla muy cara, con sueldos de Primera División, y aún traumatizada la afición por el descenso, la llegada del pelirrojo y pálido delantero que había sido descartado por los técnicos de Lezama apenas llamó la atención.

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Santi Llorente tenía mucha fe en Aduriz. Le había seguido desde hacía tiempo. Al talentoso director técnico le había llamado desde el primer momento la atención el poderosísimo salto del donostiarra, así como su facilidad para controlar los balones largos. Sus 16 goles en el Burgos eran una buena tarjeta de presentación. Y encima llegaba gratis.

El Real Valladolid de aquel año debutaba en Liga ante el Alavés. Un partido en el que debía demostrar el conjunto blanquivioleta que era candidato al ascenso, que es lo que se le supone a todo recién descendido. Y lo demostró. Ganó 2-4 con un triplete del bueno de Aritz, que inmediatamente se convirtió en el ídolo de la afición. 16 tantos anotaría ese año, y junto a Germán Hornos –pese a lo mucho que le costó a Kresic darse cuenta de que vasco y uruguayo tenían que jugar juntos para que el equipo funcionara como una máquina engrasada–, formaría una dupla que llevaba al club hacia Primera. El accidente de automóvil en las navidades del charrúa frustaría la carrera del futbolista y el retorno del club.

Pero Aduriz ya estaba en la agenda de varios clubes. En especial del Athletic. El reducido mercado que se autoimponen los de San Mamés les hizo volver la vista enseguida hacia su exjugador. En la 2004-2005 vivía malos tiempos la afición vizcaína. Mendilibar había sido destituido en la jornada décima y Clemente fue sus sustituto. Pero el equipo seguía sin funcionar. Con Urzaiz ya en decadencia y Llorente con 20 añitos, al equipo rojiblanco le costaba un mundo marcar un gol. E iba directamente a Segunda. Palabras mayores.

El Athletic necesitaba un delantero. Y Aduriz era la opción más lógica. El Valladolid necesitaba dinero, y tenía a Joseba Llorente para suplirle. Todo cuadraba. El 3 de diciembre Aduriz se despedía del Valladolid marcando tres goles al Lérida y se llevaba el balón. Había marcado en media temporada seis goles y llegaba a Bilbao para rescatar al Athletic. Y lo logró. Clemente se agarró a su esquema ultraconservador y al acierto del donostiarra para sacar del pozo a los leones. Cuando llegó Aduriz, en la jornada 15, su nuevo equipo ocupaba el puesto 18. Cuatro jornadas después era el 19. Acabaría el 12. El salvavidas que emergió del Pisuerga cumplió su función.

A partir de esa temporada la vida de Aduriz cambió radicalmente. En Lezama no le quisieron cuando tenía 20 años, pero dos años después hicieron caja con él traspasándolo al Mallorca, que luego se lo transferiría al Valencia. Y con pases de siete y ocho cifras.

En 2012 Aduriz regresó a Bilbao. Esta puede ser su última temporada, pero él nunca olvidará Pucela.