La afición del Real Valladolid nunca debe dejar de creer

El autor hace un llamamiento a que la derrota ante el Rayo sirva para reafirmar la confianza en el conjunto blanquivioleta

Los jugadores del Real Valladolid saludan a su afición después de la derrota frente al Rayo./R. Gómez
Los jugadores del Real Valladolid saludan a su afición después de la derrota frente al Rayo. / R. Gómez
JESÚS MORENO

El Real Valladolid volvió a caer en casa y con ello se vio despojado definitivamente de todo el ángel que aún le acompañaba desde que se inició la temporada. Aquel que le convirtió durante unas pocas semanas en equipo revelación y que poco a poco le ha ido abandonando hasta quedarse solo, auxiliado simplemente por su propio esfuerzo. Dicen que la soledad en el boxeo aparece cuando suena la campana porque en ese instante al púgil le quitan todo, hasta la banqueta. Al Real Valladolid, el sábado, en el mismo momento en el que el árbitro hizo sonar su silbato, le arrancaron la sonrisa, los propósitos de año nuevo y, sobre todo, la victoria. El resto fue un querer y no poder, unas veces; un querer y no saber, otras tantas. Como a Sísifo, le faltó culminar, alcanzar la cima, al menos para salvar el empate. Pero no. El penalti errado en el último suspiro solamente sirvió para escenificar que a este equipo le tocaba volver a cargar con la roca cuesta arriba acompañado, apenas, por su trabajo, por su empeño y por su propio orgullo.

El Real Valladolid, que acabará la primera vuelta fuera de los puestos de descenso, ha visto cómo la Primera División y todo lo que significa, se le ha aparecido de golpe dieciocho jornadas después. Y con ello, el miedo en gran parte del entorno que observa que, quizá, solo con los valores que han aupado al equipo hasta aquí más el aliento de la grada no alcance para lograr el objetivo de la permanencia. Es recurrente, en estos casos, recordar la famosa frase de Miroslav Djukic según la cual, en el fútbol se es tan bueno o tan malo, como se fue en el último partido. Sin embargo, este grupo se ha ganado el crédito suficiente como para que la memoria sea capaz de recordar más allá, incluso, de una derrota inesperada ante un rival directo.

No es momento este para dudar, al contrario, esta situación es ideal para reafirmar la confianza en todos aquellos que elevaron a la entidad a la categoría en la que están. Este equipo, que se ha visto privado de todo menos de sus señas de identidad no puede perder la fe de los suyos. Si la afición deja de creer, el Real Valladolid, entonces sí, se queda en nada.