Alberola rojas y su pifia monumental

El árbitro, uno de los más prometedores de la Liga, señaló como penalti un tropezón de Hugo Duro que nadie del Getafe consideró falta

Alberola Rojas ve la jugada del penalti que pitó contra el Valladolid en el monitor mientras habla con Gil Manzano, que está en Las Rozas. / A. Mingueza
Eloy de la Pisa
ELOY DE LA PISAValladolid

Dice Jesús Moreno, columnista a banda cambiada de los jueves, que a él el VAR no le gusta porque antes podía pensar sin temor a equivocarse que los árbitros son honrados. Al fin y al cabo debían decidir en milésimas de segundo situaciones muy complicadas y confusas. Y eso tiene su mérito y su riesgo. Ahora, en cambio, con la existencia del video arbitraje resulta que cuando se equivocan se puede pensar que lo están haciendo a propósito, que están prevaricando, que están decidiendo algo injusto a sabiendas. Cuantos más medios otorgas a alguien para tomar una decisión, más incomprensible es el error. El factor apreciación se disipa.

Más sobre el Pucela

Pues bien, Gil Manzano, árbitro en Las Rozas, debió entender que el tropezón del pie izquierdo de Hugo Duro en la pierna derecha de Antoñito era un a jugada «manifiesta y flagrante» (Velasco Carballo dixit como argumento de intervención del VAR).

Y se puso a revisarla.

Su compañero en Zorrilla, Alberola Rojas, nada había visto y había señalado saque de portería. Hugo Duro, el protagonista, nada había reclamado y se había levantado rápido, felino, del césped. «Que me sacan amarilla por simular», debió pensar el canterano. Ángel, el lenguaraz Ángel, el delantero del Getafe que estaba a cuatro metros de la acción, ni aspavientos hizo. Y Bordalás, el hiperactivo Bordalás, el hombre que protesta hasta los saques de banda, ni se inmutó allá en su área técnica.

Pero nada de eso le influyó a Gil Manzano. Al fin y al cabo, el tiene imágenes que puede ver muchas veces. Tantas como para que un tropezón se convierta en una falta. Pero, oye, que como la jugada es complicada, mejor que vaya Alberola, que es joven y tiene que curtirse, y decida.

Y Gil Manzano envió a Alberola al monitor.

Y en el estadio nadie entendía nada.

Y Alberola decidió que era penalti. ¿O no fue él? Porque en las imágenes de Alberto Mingueza se observa con claridad como el árbitro del aire libre conversa con el que está con calefacción a 180 kilómetros. ¿Le estaría convenciendo el de allí al de aquí? ¿Se resistiría el de aquí a pifiarla de manera evidente? ¿Pudo más la influencia de uno de los veteranos ante uno de los jóvenes? Nunca se sabrá, pero pitar penalti en esa jugada deja abierta a todas las imaginaciones. Y malas. Luego reclaman respeto, pero en ocasiones poco respetan ellos.