Alto riesgo

Critica con dureza el autor la ausencia de un fichaje para la delantera, sobre todo cuando se sabía desde hacía muchos meses que Mata no iba a seguir

Jaime Mata el día que fue presentado en el Getafe. /
Jaime Mata el día que fue presentado en el Getafe.
JUAN ÁNGEL MÉNDEZ

Al Real Valladolid se le ha caído la barrera encima. Arranca el curso y tendrá que sobrevivir en Gerona, al menos, con un boquete en el puesto más importante del equipo. Aunque Sergio y los suyos hablen maravillas de la solidez defensiva y el empaque que destila el equipo, no les queda otra, en Primera los objetivos pasan por el gol. Y afrontar una sola jornada sin un 'nueve' de garantías, restará comodines en la partida que el conjunto blanquivioleta está a punto de comenzar.

Entiendo la dificultad que entraña rubricar cualquier operación para un club que tiene la cuenta corriente tiritando. Y más aún, cuando el puesto que te falta por cubrir es el de delantero centro. Casi nada. En el fútbol, los euros habitan en la punta del ataque y el Real Valladolid carece de las dos cosas, del dinero y del ejecutor que apuntale su plantilla.

Este escenario de estrecheces pecuniarias no justifica, sin embargo, que el Real Valladolid se estrene en Primera con un delantero que únicamente atesora proyección. Con el deseo no basta. Ni rastro del 'nueve' que garantice dianas. Miguel Ángel Gómez conocía la fuga de Mata meses antes del ascenso, por lo que no estamos ante una cuestión de tiempo, sino de un mercado desatinado en cuanto a precios. Con el bloque bien armado, la prioridad de la dirección deportiva debería haber sido fichar un delantero centro. Y más aún, cuando el ariete saliente se va con la maleta llena de goles. Gómez ha demostrado su valía desde que llegó, pero no ha sido capaz de iniciar el rodaje sin el actor protagonista.

Sin 'nueve' no es imposible ganar en Gerona, plantar cara al Barcelona o competir en Getafe, si el club apura el límite, pero la pretemporada ya ha certificado que, sin gol, resulta mucho más sencillo encajar disgustos que sumar éxitos. El Real Valladolid se ha acostumbrado a fichar sobre la bocina y si puede ser cuando el fax de la Liga da sus últimos coletazos, mejor. Esta política, muchas veces obligada por la escasez de 'cash', representa dos filos opuestos. Puede generar chollos, pero también aportar descalabros. No hay margen de reacción. Puedes esperar a que De Tomás se decida o de repente verte con las manos vacías si se cruza un aspirante con más euros. Entonces, la paciencia se queda sin premio y corre turno hasta llegar a un candidato que te tiene que convencer porque no tienes otra salida. Muchos riesgos con el curso iniciado.

Estoy seguro de que antes de que el 31 de agosto cierre la persiana, el Real Valladolid tendrá al menos un nuevo inquilino en su vanguardia. Es el lado absurdo de una normativa que permite fichar con la partida comenzada, pero para el club pucelano su plazo particular debería haber concluido antes del debut. Llegue quien llegue, necesitará acoplarse a sus compañeros, conocer la idea del técnico y ponerse a punto. Jornadas perdidas. Demasiado margen para un equipo que no puede entregar un milímetro a sus rivales.

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