Por donde amargan los pepinos

No es extraño que los jugadores del Pucela pierdan los estribos cuando el tiempo se les acaba y sienten que les han quitado el fruto de su labor

Trifulca al final del partido entre Jason y Verde, en la que intervinieron Cop y Moi./Ramón Gómez
Trifulca al final del partido entre Jason y Verde, en la que intervinieron Cop y Moi. / Ramón Gómez
JOAQUÍN ROBLEDO

Cuando se hubo quedado solo, se encogió de hombros como queriendo darse a entender que no comprendía nada de lo ocurrido. Su amigo, su amigo del alma, por una nadería, le acababa de mandar a tomar por aquel orificio en donde dicen que amargan los pepinos. Tras el gesto de incredulidad, caminó dolido hacia su casa dando una y mil vueltas a la escena que le reconcomía.

-No era para tanto, no era para tanto...

Tampoco era para replantearse una amistad labrada a cincel desde la infancia pero la actitud del amigo le había tocado. Rumiaba.

-Entiendo que le haya sentado mal pero ni era la primera vez que le decía -en broma- algo similar y él había bromeado en el mismo sentido cuando tocaba revancha. Hasta ahora siempre se llevó bien por parte de ambos. No pocas veces el cierre del pique se produjo en la taberna con unas cervezas .

Había que arreglarlo. En principio dejó pasar el tiempo esperando una llamada, un mensaje de whatsapp que mandara de vuelta las aguas al río. Pero no se produjo. Pasadas unas horas decidió llamar, no teniendo claro si lo que quería era una explicación al inesperado comportamiento o, simplemente, un apaciguamiento que permitiese olvidar el incidente. Dio lo mismo, su colega no cogió el teléfono. Pensó entonces en ir a su casa pero temió una reacción más contundente y decidió que era mejor dejar pasar al menos el día.

No hizo falta tanto, esa misma noche apareció la pieza que permitía, para alivio y a la vez disgusto de nuestro protagonista, armar el engranaje, dar sentido a todo lo acontecido. El desasosiego no le permitía estar a gusto en casa, y ya tenía claro que cualquier acercamiento tendría peores consecuencias que la inacción, decidió acercarse al mismo bar en que habían pasado juntos tardes y tardes, noches y noches.

-Buenas, Manolo, ponme una birra.

-Te la pongo ya, pero, ¿sabes lo de Jaime?

-No. Le vi antes y estuvo muy desagradable conmigo.

-No me extraña. Estando aquí le llamó la policía para avisarle de que le habían robado la furgoneta. Salió como alma que lleva el diablo.

-Vale. Y yo bromeando y tomándome a pecho su desplante.

Al final, cuando te sientes robado, cuando algo te pica por dentro, la reacción inmediata no suele responder a la lógica de la propia personalidad. En estas, cuando vas caliente, hasta alguien como Cop puede mandarte a cualquier sitio por cualquier chorrada.

 

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