Antonio Morro, primer mallorquín que jugó en el Real Valladolid

El delantero tuvo su tarde de gloria en Riazor, donde marcó cuatro goles al Deportivo

Once del Real Valladolid ante el Deportivo en 1953-54, con Saso, Ortega, Lolo, Lesmes, Matito, Losco y Benegas, y agachados, Lasala, Muñoz, Lasuen, Morro y Tini. Ganó el Pucela 2-1 y Morro fue quien abrió el marcador para los blanquivioletas./J. O.
Once del Real Valladolid ante el Deportivo en 1953-54, con Saso, Ortega, Lolo, Lesmes, Matito, Losco y Benegas, y agachados, Lasala, Muñoz, Lasuen, Morro y Tini. Ganó el Pucela 2-1 y Morro fue quien abrió el marcador para los blanquivioletas. / J. O.
JOSÉ MIGUEL ORTEGA

Cuando hoy se decida la eliminatoria copera que enfrenta al Real Valladolid y el Real Mallorca, convendría fijar nuestra mirada en la figura de Antonio Morro Mora, el primer futbolista mallorquín que militó en las filas blanquivioletas. Nacido en Manacor el 13 de septiembre de 1922, Morro comenzó su carrera deportiva en las filas del Constancia y el Atlético Baleares, como paso previo a su fichaje por el Mallorca, donde acreditó una gran facilidad goleadora que despertó el interés de varios equipos de Primera División, entre ellos el Real Valladolid, que en una hábil y rápida maniobra cerró su fichaje el 28 de junio de 1952.

El Norte de Castilla publicaba al día siguiente una entrevista con el flamante refuerzo, en la que daba una serie de claves que ayudaban a comprender el acierto de su incorporación al Pucela. Decía Morro que en su decisión había influido el entrenador del Mallorca, Esteban Platko, precisamente el primer técnico que había tenido el Valladolid en su historia, que apuraba en la isla su dilatada carrera.

Delantera pucelana en el Metropolitano, frente al Atlético el 4-10-1953. Muñoz, Morro y Valdés, y agachados, Lolo y Ducasse.
Delantera pucelana en el Metropolitano, frente al Atlético el 4-10-1953. Muñoz, Morro y Valdés, y agachados, Lolo y Ducasse. / J. O.

También presumía Antonio Morro de su buena campaña realizadora, 21 tantos en Segunda en la 51-52, a pesar de que no siempre jugó como delantero centro, sino que alternaba ese puesto con el de interior. Él se consideraba un '9' que venía dispuesto a pelearle el puesto a Lolo, que había sido el ariete titular en la campaña anterior.

Y no tardó el balear en acreditar su olfato de gol, ya que marcó en todos los amistosos de la pretemporada y volvió a hacerlo en el partido de presentación ante la parroquia vallisoletana, frente a la Real Sociedad, aunque su tanto no sirviera para ganar el partido, pues los donostiarras se impusieron por 1-2 a pesar de ser un equipo muy veterano que tenía en sus filas a Eizaguirre, Ontoria, Pérez, Epi, Barinaga e Igoa.

Morro era un delantero de buenos fundamentos técnicos y un físico poderoso que le permitía fajarse en el área con el central enemigo, y eso le sirvió para convertirse no solo en titular del equipo, sino en uno de los jugadores preferidos de la afición, a pesar de que el arranque blanquivioleta en la Liga no había sido del todo bueno. El partido que marcó el punto de inflexión en la trayectoria del conjunto que entrenaba el 'Chato' Iraragorri, tuvo lugar el 16 de noviembre de 1952 en el campo de Riazor, frente al Deportivo de La Coruña, que tenía en la portería al mítico Juan Acuña. Ese día, Antonio Morro destapó el tarro de las esencias firmando los cuatro goles vallisoletanos que hicieron posible la goleada (1-4) blanquivioleta.

Pese a esa inspiradísima actuación, la dureza que entonces imperaba en el fútbol español fue la causante de que Morro tuviera que alternar con Lolo en el eje de la vanguardia. No obstante, finalizó la campaña habiendo participado en 15 partidos de Liga y 2 de Copa, con 9 goles en su haber, casi todos decisivos, como ocurriría en la temporada siguiente, en la que marcó los tres tantos de la victoria vallisoletana sobre el Valencia, y los que apuntalaron la gesta blanquivioleta tanto en Chamartín como en Zorrilla, ya que el Real Valladolid fue el único equipo que ganó los dos duelos ligueros de aquella temporada en la que, con Di Stéfano de estrella, los merengues ganaron la Liga acabando con la racha del Barcelona.

Pese a ese protagonismo estelar, Morro jugó solo 13 partidos en los que volvió a marcar 9 tantos, siendo el segundo máximo realizador del equipo, tras el joven Domingo, con 10. En la siguiente campaña, las lesiones y la llegada de Murillo le fueron restando protagonismo al mallorquín, que únicamente disputó 7 partidos de Liga, con 3 goles, y 3 de Copa, con un tanto, precisamente contra el Real Madrid.

Las lesiones y la edad, entonces tenía 32 años, hicieron posible que en lugar de las cinco temporadas por las que había firmado, quedaran reducidas a tres, pues el Valladolid aceptó una oferta de Las Palmas para traspasarle y poner allí el punto final a su carrera, dos años después.

No obstante, las raíces familiares de Morro estaban en Valladolid, pues se había casado con Carmen Villacián, hija del prestigioso psiquiatra, que le había dado cuatro hijos. Fue entonces, ya apartado del fútbol, cuando tuve ocasión de conocer personalmente a Antonio Morro y descubrir la extraordinaria categoría humana que atesoraba. El día de su muerte, el 18 de marzo de 2011, fue una fecha triste para la parroquia blanquivioleta en general y para mí en particular.

 

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