La apuesta de Ronaldo para el Real Valladolid

La llegada de Stiven Plaza, si finalmente se produce, es una operación no exenta de riesgos en la que el jugador es la parte más débil

Ronaldo llega a las oficinas de Zorrilla. /G. Villamil
Ronaldo llega a las oficinas de Zorrilla. / G. Villamil
Eloy de la Pisa
ELOY DE LA PISA

Si no ocurre nada raro, que en esto del fútbol las hemos visto de todos los colores, en unas horas se hará público que el Real Valladolid ha fichado a Stiven Plaza, el prometedor delantero ecuatoriano del Independiente del Valle. El propietario del equipo blanquivioleta debería anunciarlo a partir de las 21:30 horas peninsulares en una rueda de prensa que ofrece en el país americano. El fichaje del atacante se ha convertido en un traspaso radiado en directo por el presidente del club y su agente, y eso no acostumbra a ser especialmente beneficioso porque acaba quedando la sensación de que se está intentando colocar un producto y no una persona que juega al fútbol.

Sea como fuere, lo que es claro es que Stiven Plaza es una apuesta personal de Ronaldo Nazário para el Real Valladolid. Algo ha visto el exdelantero brasileño en el chaval que le ha gustado lo suficiente como para embarcarse en la aventura de contratarle y de acudir a visitar el club y aceptar la premisa de anunciarlo en el país centroamericano.

Ojalá, si llega, Plaza dé días de gloria al Real Valladolid y se convierta en un tipo tan decisivo como lo fue en su día Iván Kaviedes. Pero lo realmente preocupante, lo que hace temer por el futuro del rendimiento futbolístico del chaval es la presión a la que se va a ver sometido. Stiven Plaza va a ser la primera gran apuesta de Ronaldo como dueño de un club se le va a mirar con lupa. Todo. Su juego, sus actitudes, su aclimatación, su rendimiento... y con el añadido de que como ha sido fichado por quié ha sido fichado, todo se multiplicará, al menos, por dos o tres. Mucha losa en las espaldas de un crío de 19 años que apenas ha mostrado nada aún más allá de buenas condiciones y olfato goleador. Pero ha de demostrarlo.

Y con lo que va a tener encima habrá de tener la cabeza muy en su sitio. Y por mucho que diga su agente, la duda queda.

 

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