Aspirina blanquivioleta

El autor rechaza pensar tanto en el rendimiento y el once que saque al campo Solari, y opta por recuperar la mejor versión del Real Valladolid para retomar el vuelo

Enes Ünal se adelanta a Kroos en un salto de cabeza, en una acción del partido de ida. /AFP
Enes Ünal se adelanta a Kroos en un salto de cabeza, en una acción del partido de ida. / AFP
JESÚS MORENOValladolid

Primero golpeó el Girona. Después lo hizo el Fútbol Club Barcelona, en Copa y poco después en Liga. Finalmente ha sido el Ajax de Ámsterdam el que ha firmado el certificado de defunción del un equipo sumido en la pereza y la desgana, el Real Madrid que, como un Imperio Romano a escala, ha venido gobernando el fútbol del continente durante casi mil días. Se diría que el equipo de Florentino Pérez se cansó de vencer, que es difícil hacer la guerra cuando se ha ganado tantas veces, que salir campeón de Europa se convirtió en algo tan rutinario que sumergió a la entidad en la monotonía primero y en el aburrimiento después.

El aficionado al Real Valladolid siempre ha tenido un punto pesimista, mitad por ese carácter castellano, que parece tan acostumbrado a la derrota que se siente ofendido con cualquier atisbo de victoria; mitad porque los éxitos de la entidad suelen ser tan efímeros, que apenas da tiempo a saborearlos cuando se descubre que el Pucela está inmerso en un nuevo proceso autodestructivo.

Así, guiados por ese ADN especial que nos hace consumidores de sufrimiento, como si hubiéramos desarrollado una suerte de 'síndrome de Estocolmo' según el cual no se podría disfrutar del Valladolid de manera plena sin una dosis de angustia autoimpuesta, la visita de ese Real Madrid que ha colgado el cartel de cerrado por derribo, se vislumbra entre los aficionados como la ocasión propicia para que los blancos resurjan de sus cenizas cual ave Fénix. 'Tómese una aspirina blanquivioleta cada seis horas y verá como los síntomas remiten', se podría decir. Lo curioso del asunto, es que los comentarios serían similares si los de Solari estuvieran comportándose como los caciques de la competición pues, de un modo u otro, siempre se encuentran excusas para dejarse arrastrar por el pesimismo.

No es el Madrid quien debe preocuparnos, es el propio Real Valladolid el que tiene que retornar de su viaje a ninguna parte. El rival tiene potencial para derrotarnos por pura inercia, aun estando sumido en esa melancolía de poeta decimonónico, aun saltando al campo con ocho jugadores. Es al Pucela al que le corresponde empezar a dar su mejor versión independientemente del resultado que se coseche el fin de semana. El domingo, volver a ser uno mismo será tan importante como el signo del encuentro. No se me ocurre un mejor partido para recuperar sensaciones perdidas, para readquirir señas de identidad.