Cuando el Athletic era el club con más seguidores de España

Todos los aficionados se sabían de memoria su mítica delantera: Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza

La mítica delantera bilbaína de la posguerra, formada por Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza, todos internacionales y una amenaza por su fútbol directo y espectacular. Una máquina de hacer goles… /
La mítica delantera bilbaína de la posguerra, formada por Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza, todos internacionales y una amenaza por su fútbol directo y espectacular. Una máquina de hacer goles…
JOSÉ MIGUEL ORGEGA Valladolid

El Athlétic Club de Bilbao, fundado en 1898, ha trascendido a su propia historia para convertirse en un mito, una leyenda, por la fidelidad a sus principios de contar exclusivamente con jugadores vascos. Esto, que en el súperprofesionalizado fútbol actual parece un anacronismo, fue la clave de que, tras la guerra civil, se convirtiera en el equipo más admirado y querido de España.

El Athlétic, que junto al Real Madrid y el Barcelona, es el único club que ha disputado todos los campeonatos de Liga, forjó la leyenda de su equipo en jugadores míticos, como Rafael Moreno 'Pichichi', el paradigma del gol, y José María Belauste, personaje contradictorio ya que fue un activo nacionalista vasco y, a la vez, esencia de la 'Furia Española', con aquella histórica frase de «A mí Sabino el pelotón, que los arrollo», que pronunció en un partido contra Suecia, durante la Olimpiada de Amberes.

Legendario también fue el viejo campo de San Mamés, tanto por las hazañas deportivas que allí tuvieron lugar como por la vida del santo y el hecho que se le atribuye de amansar a los leones del circo romano, al que fue echado junto a otros cristianos. De aquel milagro nació la versión futbolística de los Leones de San Mamés.

Antes de la Guerra Civil, el Athlétic ya había ganado 14 Copas y 4 Ligas jugando exclusivamente con vascos en sus filas, pero con la particularidad de tener entrenadores británicos, pues no en balde el fútbol llegó a Vizcaya a través de los marineros que llegaban desde las islas a la Ría del Nervión a cargar hierro y que, para divertirse, corrían en la Campa de los Ingleses tras un pelotón, al que a base de patadas trataban de introducir en la portería del rival.

José Luis Ispizúa, eterno suplente de Blasco en el Athletic, se reveló como un gran portero en las cuatro temporadas en el Real Valladolid.
José Luis Ispizúa, eterno suplente de Blasco en el Athletic, se reveló como un gran portero en las cuatro temporadas en el Real Valladolid.

Pero el Athlétic que conquistó el corazón y las simpatías de los aficionados españoles fue el de los años cuarenta y cincuenta, en plena época de hambre y cartillas de racionamiento. En realidad, el equipo se llamaba entonces Atlético de Bilbao, porque Franco prohibió los nombres extranjeros en los clubes deportivos –Athlétic, Rácing, Spórting–, y a la vez permitió que recuperaran el título de 'Real' otros que lo habían perdido en el periodo republicano, entre ellos el Valladolid.

Además del de su ciudad o su pueblo, la gente era mayoritariamente del Atlético de Bilbao y todo el mundo recitaba de memoria la mítica delantera de los leones de San Mamés: Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza, todos ellos internacionales y ejemplo de virtudes futbolísticas. Iriondo, el regate; Venancio, el trabajo; Zarra, el remate; Panizo, la clase, y Gainza, la velocidad, 'El Gamo de Dublín' le bautizó la prensa por el partidazo que hizo en Dalymount Park, en 1949, cuando España derrotó a Irlanda por 1-4.

Ya con el Pucela en Primera División, cuando el Atlético de Bilbao venía a jugar al viejo Zorrilla, se hospedaba en el hotel Conde Ansúrez, pero solía ir a comer al Bar Rojo, muy cerca de mi casa, de modo que unas veces con mi padre y otras con mi abuelo, allí esperaba yo con la libreta de pastas de hule para pedir el autógrafo de mis ídolos, que aún conservo como oro en paño. La razón de que el equipo bilbaíno fuese allí a comer, no era solo por las excelencias de la cocina de Margarita, la matriarca del negocio y madre de Pepe, Chelo y Merche, sino porque ésta estaba casada con Pedrín, antiguo jugador del Valladolid y también cuñado de Venancio.

Los duelos entre el Real Valladolid y el Atlético de Bilbao despertaban pasiones y eran garantía de goles. Cuando Paco Lesmes ataba en corto a Zarra, Matito frenaba la endiablada velocidad de Piru Gainza y a Coque le soplaban los vientos de la inspiración, ganaba el Pucela y había fiesta en las gradas y tema de conversación durante toda la semana. Pero jamás surgían broncas ni discusiones, como solía ocurrir cuando venían los equipos madrileños con sus figuras extranjeras, Di Stéfano, Kopa, Puskas y Rial en el Madrid, o Domingo, Carlsson y Ben Barek en el Atlético.

El Atlético de Bilbao, que recuperó su nombre original con la llegada de la democracia, fue un equipo querido y admirado en Valladolid, «porque no tenía extranjeros», y también porque siempre ha existido una buena relación entre los dos clubes, que ha hecho posible que una treintena de jugadores hayan defendido los colores de ambos equipos, empezando por el portero José Luis Ispízua, primer 'león' que vistió de blanquivioleta. Con el flujo existente entre San Mamés y Zorrilla se podría hacer este equipazo: Kepa; Meltzer, Andrinua, Ayarza, Balenziaga; Lasa, José Luis, García, Alonso; Aldecoa y Adúriz.

O este otro: Ispízua; M. Echevarría, Luis Prieto, Del Horno, Yuri; Barrio, Ortúzar, Tini, Plácido; Endika y Roberto Martínez, que tampoco está mal.