El Atleti ganó al Real Valladolid con su misma medicina: sin posesión

Solo frente al Levante el Pucela fue capaz de dominar el partido y además vencer

Enes Ünal se lamenta tras una ocasión fallada. /G. Villamil
Enes Ünal se lamenta tras una ocasión fallada. / G. Villamil
J. A. Pardal
J. A. PARDALValladolid

Dijeron los protagonistas pucelanos de la semana, antes de recibir al Atlético de Madrid, que el conjunto colchonero es para ellos un espejo en el que mirarse. El problema del cristal y el azoque llega cuando la imagen que devuelve a su observador es tan dominante que le empequeñece.

Anoche, con un increíble 2-3 entre el segundo equipo menos goleador de la liga y el que menos encaja, el Pucela se mostró como el conjunto de las mejores noches de los últimos meses: armado atrás, con mordiente delante y con un centro del campo poco mandón pero muy vertical. El espejo le respondió con un rival con esa misma idea pero plagado de futbolistas más determinantes liderados por Antoine Griezmann (valorado en 154,8 millones de euros). Menos posesión que el Pucela (56% para los locales) y cifras igualmente inferiores en cuanto a pases (447 por 367) sirvieron al equipo rojiblanco para anotar tres tantos.

Esta forma de llevarse el partido puede ser considerada rácana para unos y pragmática para otros. No es vistosa, desde luego, pero sí que da una idea de los enormes beneficios que un conjunto puede obtener de plantarse bien en defensa y rascar a los rivales en cada acción; una especialidad del equipo colchonero

El Real Valladolid es, como sus rivales de ayer, un auténtico experto a la hora de vencer dejando la iniciativa al contrario. Lo hizo frente a Villarreal, Huesca, Betis y Real Sociedad, equipos ante los que tuvo menos tiempo la pelota y no llegó a completar ni siquiera 300 pases correctos. En ese aspecto fue especialmente corto en Anoeta, donde solo realizó 170 pases de éxito y 88 fallidos y además tuvo un 32% la posesión, sus cifras más bajas de toda la liga junto a las firmadas en Gerona, en el primer partido del campeonato. Todos esos casos de éxito del plan blanquivioleta se han producido fuera de casa, excepto en la victoria ante el Huesca en la capital del Pisuerga.

Es como local, cuando el equipo vallisoletano está obligado a llevar la iniciativa, donde el plan empieza a tambalearse. Sergio y Diego Pablo Simeone querían jugar a lo mismo ayer -a que el otro tuviera que llevar el peso del encuentro- y mantuvieron una tensa partida de ajedrez para ver cuál de los dos cedía antes a la presión y decidía coger los mandos.

Lo hicieron los de Pucela, como contra como el Alavés (58% de la posesión) y el Leganés (67%), encuentros que también perdieron, y contra el Espanyol, en un partido que se resolvió con empate a un gol. No le va bien a este Real Valladolid tener el balón, porque lo que más le gusta es llegar de forma fugaz al área rival, dar su estocada y regresar raudo a apretar las filas por delante del área de Jordi Masip.

Por contra, los rivales que más veces han sobado la pelota cuando se han enfrentado a los pucelanos han sido el Betis, el FC Barcelona y el Girona, y solo los culés fueron capaces de vencer, lo que deja a las claras la estrategia que mejor les va a los de Sergio.

La próxima semana, para cerrar el año, el equipo viaja a San Mamés para enfrentarse a un equipo que de la mano de Gaizka Garitano ha regresado al fútbol directo. ¿Para quién será entonces la pelota?.