El Betis, un club diferente

Fue el primer equipo en utilizar el término balompié en lugar del habitual 'foot-ball', y entre sus iconos está un vallisoletano: Julio Cardeñosa

Equipo del Betis cuando todavía se llamaba Sevilla Balompié y se proclamó campeón de la Copa de Sevilla, a costa de su eterno rival, en 1910. En los primeros años, los aficionados le conocían como 'el Balompié'./Foto cedida por El Correo de Andalucía
Equipo del Betis cuando todavía se llamaba Sevilla Balompié y se proclamó campeón de la Copa de Sevilla, a costa de su eterno rival, en 1910. En los primeros años, los aficionados le conocían como 'el Balompié'. / Foto cedida por El Correo de Andalucía
JOSÉ MIGUEL ORTEGA

Corría el año 1907 cuando un grupo de estudiantes de la Escuela Politécnica de Sevilla, que preparaban su ingreso en la Escuela Militar y en la Facultad de Medicina, decidió reunirse para fundar un equipo de fútbol, o más exactamente un team de foot-ball, que es como en los albores del siglo XX se llamaba a este deporte que nos llegó de las Islas Británicas a través de los barcos mercantes, de los ingenieros de Rio Tinto y de los seminaristas ingleses y escoceses que estudiaban en Valladolid. Yo siempre he mantenido que aquí, en las fincas de los colegios de San Albano y San Ambrosio, se jugó antes que en otros lugares de España, pero esa es otra historia.

La que nos ocupa hoy es la de aquel conjunto hispalense que, antes de comenzar a correr detrás del balón, tuvo su primer seña de identidad que iba a diferenciarle del resto. No conformes con utilizar un vocablo inglés como apellido al nombre del club, los jugadores tuvieron la ocurrencia de escribir una carta al célebre periodista y académico de la R.A.E, Mariano de Cavia, pidiéndole consejo para sustituir el término «foot-ball» por una palabra más castellana, más nuestra.

Jullio Cardeñosa
Jullio Cardeñosa

Mariano de Cavia publicó una carta en «El Imparcial», el periódico donde entonces escribía, que comenzaba así: «Unos jóvenes amables que se proponer organizar una nueva sociedad de foot-ball, desean darle un nombre español y, no acertando con él, me hacen la merced de apelar a mis cortas luces, porque ellos tienen por intraducible el vocablo inglés con que se denomina a este deporte»

Después de argumentar que no hay nada intraducible, el genial periodista y escritor zaragozano, hacía el siguiente razonamiento: «El vocablo inglés es doble, está compuesto de «foot» (pie) y de «ball» (balón). El «piebalón» sería una traducción harto servil, bastante fea además, y por añadidura opuesta a la índole de nuestro idioma…» Y más adelante, proponía el término «Balompié» como solución a la petición planteada, al tiempo que recomendaba repetir varias veces para hacerla tan corriente como otras del más puro y rancio linaje: «Buscapié, hincapié, rodapié, tirapié, traspié y volapié».

Resuelto el problema de la defensa del idioma patrio, se fundó con el nombre de «España Balompié», el primer equipo con este apellido que hubo en nuestro país. Poco después se llamó «Sevilla Balompié», nombre con el que se proclamó campeón de la Copa de Sevilla y, poco más tarde, en 1914, al fusionarse con el Real Betis F.C., tomó el definitivo nombre de Real Betis Balompié, que marcaba diferencias no solo con su eterno rival, el Sevilla Foot-Ball Club, sino con los del resto del país, con la excepción de la Balompédica Linense, fundado en 1921, el Albacete Balompié, en 1941 y la Unión Balompédica Conquense, en 1946.

Otras señas de identidad del club bético son los colores verdiblancos de su camiseta, los de la bandera de Andalucía, el «manque pierda», arcaísmo acuñado por la afición para mostrar su inquebrantable adhesión al club de sus amores, aunque las cosas se tuerzan, y la tendencia a convertir en ídolos a los jugadores más representativos de su historia.

Y aunque cada aficionado piensa que su época fue la mejor del club, todos coinciden en señalar como el más grande icono del beticismo a un vallisoletano que firmó por los de «Heliópolis» el mes de julio de 1974, un día en que los termómetros de la capital hispalense marcaban 40º: Julio Cardeñosa.

En el Real Valladolid solo estuvo una temporada en tercera, y tres más en segunda división, siendo un jugador discutido, ensalzado por unos y criticado por otros a causa de su aparente endeblez física. En cambio, en el Betis, le bastaron unos pocos partidos para deslumbrar a todos con su excepcional talento, con su visión de juego y capacidad de liderazgo. 'El Flaco', como le bautizó José María Martín durante su etapa blanquivioleta, defendió los colores verdiblancos durante once temporadas, ganó la Copa del Rey de 1977, fue 8 veces internacional absoluto y se convirtió, con 307 partidos, en el jugador bético con más encuentros en primera división.

Durante su etapa de futbolista bético, los aficionados le proclamaron el «Dios de Heliópolis», por el primitivo nombre del estadio, que después pasó a llamarse «Benito Villamarín», en recuerdo del presidente de origen gallego que salvó al equipo de la desaparición y lo llevó de tercera a primera división. Julio, que como entrenador dirigió desde el banquillo a los béticos en dos ocasiones, echó raíces en Sevilla, donde vive desde hace 45 años, pero no renuncia a sus orígenes vallisoletanos, aunque como en tantas otras cosas, hayan tenido que valorar fuera lo que no supimos reconocer nosotros en casa.