Bien subo cuesta abajo

Más de la mitad del público abandonó el estadio cuando más falta hacía su aliento, tras el primer gol sevillista y con tiempo por jugar

Bien subo cuesta abajo
Villamil
JOAQUÍN ROBLEDOValladolid

La sabiduría popular está plagada de refranes, aforismos o sentencias que ponen de manifiesto el dispar comportamiento del ser humano ante el resto de sus congéneres en función de si a estos las vacas les dan buena leche o se les ha puesto mal el ojo a sus yeguas. Existen incluso conceptos, viene al caso 'amigo de conveniencia', que muestran cómo la apariencia de amistad no es sino una pose que se adecua a las circunstancias concretas.

Estos ojitos han visto una persona jugándose –es una forma de hablar, en realidad licuando– sus dineros en una máquina tragaperras. La escena llama a la conmiseración, la ludopatía es, y cada vez afecta a un mayor número de personas, una terrible fuente de sufrimiento. En un momento determinado la máquina diabólica soltó algunas monedas provocando el típico bullicio. Un cliente del bar, conocido del jugador, se acercó a este y sin tener en cuenta si el número de monedas introducidas excedía al de las ahora vomitadas, dejó caer que, con lo afortunado que era, lo menos que podría hacer era invitarle al café que tenía pendiente.

También, por suerte, menos mal, conocemos comportamientos radicalmente opuestos a los señalados. Ocurre con frecuencia en entornos cercanos. Fuera de estos ámbitos, casi se consideran heroicas las conductas de quienes piensan antes en el beneficio de los demás que en el propio.

La relación entre los clubes y sus aficionados, como no podía ser de otra forma con algo tan mimético a la sociedad como es el futbol, no se separa de lo anteriormente apuntado. Una minoría está dispuesta a portar y una mayoría se acerca por si toca recibir alguna compensación. El Pucela encajó ayer el primer gol y el estadio, súbitamente, se quedó medio vacío. Justo cuando más necesario se hacía el estímulo –Guardiola baja los brazos, Moyano la cabeza–, buena parte de la 'afición' buscó los vomitorios. Me da que algún jugador blanquivioleta, si hubiera abierto la boca, nos habría recordado que 'en las cuestas arriba me ayude Dios, que las cuestas abajo bien las subo yo'.