El burgués blanquivioleta

El autor se hace eco del toque de atención que supuso la goleada encajada en Huesca y hace un llamamiento al aficionado para que meta el primer gol ante el Villarreal

Keko pugna por un balón con Javier Galán en el último encuentro ante el Huesca. /LOF
Keko pugna por un balón con Javier Galán en el último encuentro ante el Huesca. / LOF
JUAN ÁNGEL MÉNDEZValladolid

El Real Valladolid ha adoptado el papel del cómodo aburguesado en el peor momento. Justo cuando tiene que dar un paso al frente y apuntalar su buena trayectoria, confunde el viaje, da la espalda a su elogiada intensidad y se disfraza de equipo vulgar, sin alma y plagado de gazapos groseros en la retaguardia. A Calero le vendrá bien el descanso por sanción. La consecuencia de esta doble personalidad se tradujo el viernes en una goleada sonrojante en el feudo de un adversario, el Huesca, al que los de Sergio deberían haber dado el último empujón hacia el infierno, en lugar de convertirse en su primer clavo ardiendo.

Sergio señaló directamente a la actitud de sus futbolistas para explicar el despropósito. «Ellos se jugaban la vida y nosotros creímos que con una frecuencia menor podíamos ganar el partido». Error de bulto que un equipo que necesita el 110% para superar cualquier envite, piense que puede doblegar a un oponente, sea cual sea su posición en la tabla, sin enfundarse el mono de faena, desde el autobús. Valle-Inclán habría escrito una obra maestra.

En el esperpento blanquivioleta participaron desde el técnico, extrañamente lento a la hora de aportar frescura a los dos costados de su dibujo, donde Keko y Toni perdieron filo, y también equivocado al pensar que Borja podía ofrecer mejores prestaciones que Anuar en el centro del campo. Cuando quiso reaccionar, el encuentro estaba ya en el cubo de la basura y su equipo desquiciado.

Los últimos resultados han encarecido la salvación y han convertido la parte media-baja de la clasificación en una estación de metro en hora punta. Es el momento de mantener la calma y apretar los dientes para que no te pisotee la marabunta. Solo sobrevivirán los equipos que sepan gestionar la ansiedad y no se dejen devorar por el miedo. El Real Valladolid no debe perder nunca de vista sus limitaciones ni su origen. Es el único camino para superar el trauma y volver a competir con garra y unidad. Es tarea del técnico convertir el tropiezo en el mejor acicate para superar al Villarreal. No hay espacio para otro resultado que no sea el triunfo. El Real Valladolid se dejó en Huesca algo más que tres puntos, entregó su ADN, algo inadmisible. Ahora, le toca remangarse y no volver a caer en la tentación de querer triunfar andando. La afición tampoco tiene otra alternativa que llenar el viernes Zorrilla para que el primer gol llegue desde la tribuna y además de recuperar el impulso, el cuadro castellano envíe a la lona a un rival directo, poco acostumbrado a convivir con el pánico.

 

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