Buscando alivio y soluciones para el Real Valladolid

El autor del texto repasa los problemas del conjunto pucelano e intenta encontrar cómo resolverlos

Los jugadores del Real Valladolid completan un rondo durante el entrenamiento de la mañana del lunes./G. Villamil
Los jugadores del Real Valladolid completan un rondo durante el entrenamiento de la mañana del lunes. / G. Villamil
TONY POLA

El Real Valladolid y su entorno se han atascado en un ambiente enrarecido, donde casi cada palabra que conocemos respecto al equipo hace más daño que bien. Compromiso y autocrítica, desde el respeto y el amor por el Pucela, debe ser la vía principal para intentar revertir una situación, desde hace semanas, alarmante. Ha habido partidos en los que el VAR nos ha perjudicado, tenemos una plantilla muy justa, el presupuesto más bajo, lesiones, etc. .. Excusas o argumentos que, a estas alturas de la temporada, debemos ya dejar atrás para centrarnos en que, pese a la pésima racha, seguimos dependiendo de nosotros mismos.

Por supuesto que hay jugadores que en los últimos partidos no están a su mejor nivel, que el club debería haberse reforzado en invierno con, al menos, otro medio creativo y que muchos estamos hartos de la inestabilidad que desprende la entidad, incapaz (veremos si lo consigue Ronaldo a medio plazo) de asentarse con un proyecto en Primera en los últimos lustros.

Y en esta empresa me veo, en una legañosa mañana de lunes: la de intentar buscar soluciones o dar ánimos a toda la gente que formamos, en mayor o menor medida, la masa social de un club con más de 90 años de historia; demasiada responsabilidad y sufrimiento para algo que, como dirían las madres, a la mayoría no nos da de comer, aunque sí alimente nuestro alma castellana. No es pasotismo ni derrotismo. Todo lo contrario. Es mi manera de aliviar a los muchos aficionados que, como yo, nos hemos acostado el domingo y despertado el lunes, buscando remedios a algo que, me temo, se nos escapa. ¿Echamos a Sergio si perdemos el domingo? Seguramente, por números, se lo merecería. ¿A quién traeríamos? ¿Mejoraría lo presente? Dudas y temores que atormentan mi cabeza nada más comenzar la semana, incluso antes de desayunar.

Será eso lo que llaman amar: sufrir y hacer cábalas sobre sentimientos y decisiones sobre las que, me temo, algunos poco podemos hacer más que animar y apoyar. Otros, empezando por los jugadores y terminando por los dirigentes, deben saber que tienen entre manos la posibilidad, una temporada más, de establecer algo serio en una ciudad que lo ansía. Que el míster alinee ante el Getafe a los que mejor estén. Que los que jueguen se dejen la piel ante la grada del José Zorrilla y que los de arriba dirijan el barco con cabeza y corazón. Por pedir, con tanta esperanza como incertidumbre, que no quede.