caca de la vaca

El autor repasa la trayectoria de otros entrenadores que hicieron historia en el Real Valladolid y las técnicas que utilizó cada uno para alcanzar el objetivo

Calero salta de cabeza junto a Enric Gallego en el partido ante el Huesca. /Efe
Calero salta de cabeza junto a Enric Gallego en el partido ante el Huesca. / Efe
TONY POLAValladolid

«Si no corremos, somos caca de vaca». Esta particular sentencia, tan firme como escatológica, la firmó hace años José Luis Mendilibar, uno de los técnicos más recordados en Valladolid. En los últimos lustros se pueden contar con los dedos de la mano los entrenadores que dejaron huella o imprimieron su carácter aquí.

El trabajo y el tiempo dicen, aunque no siempre se cumpla, suele poner a cada uno en su lugar. Pienso también en Moré, Manzano, Cantatore, Djukic… Y hasta recuerdo con simpatía a tipos como Clemente o Kresic, cada uno con sus virtudes y defectos. Entre tanto míster, intento buscar un denominador común para todos y me quedo con que unos pocos de ellos, a su manera, hicieron del Pucela un equipo competitivo. A falta de grandes estrellas, el Real Valladolid se tiene que aferrar a la presión, al orden defensivo y al compromiso del grupo, como en su día lograron algunos entrenadores, para lograr sus objetivos y, de paso, dejar algo de poso en nuestro corazón blanco y violeta.

Del 'patapúm parriba' de Clemente, al 'Somos Valladolid' de Djukic, pasando por la idea de 'colgar 11 murciélagos del travesaño' de Kresic para tratar de sumar, muchos han sido (que me perdonen si no pude disfrutar de otros, sobre todo de veteranos como Saso) los que han sabido liderar a orillas del Pisuerga.

Otros técnicos, de cuyo nombre no quiero acordarme, serán infaustamente recordados por ofrecer la versión gris del equipo; la de un Pucela, en ocasiones con grandes ínfulas, pero capaz de vagar por el verde o de perder por goleada en campos modestos.

Al olimpo de nuestros entrenadores, pase lo que pase, ya pertenece Sergio González, por algo tan poco frecuente como hacer del Pucela, durante más o menos partidos, un equipo peleón y difícil de batir. A veces basta con buscar entre los párrafos de algo tan arcaico como un himno para descubrir lo que el aficionado ansía de su club: que demuestre lucha, afán y entrega en cada envite. Cuando, como decía el bueno de Mendi, ni se corre, ni somos Valladolid, ni somos valientes murciélagos ni nada de nada; somos, quizás no algo tan burdo como un excremento bovino, pero sí, a ciencia cierta, un equipo muy mediocre.

Contra el Villarreal toca recuperar la mejor versión del Pucela. La del Real Valladolid que presiona, corre y se deja la piel; un equipo liderado por un técnico al que sí queremos recordar en Valladolid.