El Celta no pesca ni con Cardoso... ni sin Aspas

El portugués Miguel Cardoso, en el partido ante el Rayo Vallecano. /J. Martín-Efe
El portugués Miguel Cardoso, en el partido ante el Rayo Vallecano. / J. Martín-Efe

El técnico portugués, que suma un punto de los últimos quince en juego, no ha mejorado los números de su antecesor en el banquillo, Mohamed

Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Se ha sentido acorralado el entrenador del Celta en las últimas semanas, que no ha dejado de buscar salidas al laberinto en el que vive su equipo desde el cambio de año. Primero fueron las dimensiones de Vallecas, luego sus jugadores –llegando a personalizar en un lance de Pione Sisto–, y en última instancia el portugués ha tenido que recurrir a la historia de esfuerzo y sacrificio de los vigueses para motivar a los suyos.

Fue en la previa del último partido de Liga ante el Valencia, y el símil tampoco surtió el efecto esperado. «Este es un pueblo de personas de mar, de pescadores, que tiene que salir al mar también cuando hay tormenta», comentó, «y esta es la actitud que quiero que tenga mi equipo». Unas horas después el efecto que buscaba se había difuminado y el equipo de Marcelino –también en crisis– devolvía al Celta a su realidad. A la de los números que le dan la espalda en este 2019 –cuatro derrotas de los cinco partidos que encadena sin ganar–, con un solo punto sumado de los últimos quince puestos en juego.

Pobre bagaje que viene a coincidir con la ausencia de su líder y pieza imprescindible en su engranaje ofensivo, Iago Aspas, lesionado en el último partido del año en el Nou Camp. Un dato que no es nuevo en Vigo y que resulta demoledor para sus intereses ya que sin el delantero de Moaña en el campo, el Celta no ha sido capaz de ganar un solo partido ni en 2018 ni en 2019.

Un escenario que pone en entredicho la configuración de la plantilla el pasado verano –en manos de su director deportivo Felipe Miñambres–, muy criticada en las últimas semanas por cuanto el equipo celeste se ha quedado con un solo delantero (Maxi Gómez) y Cardoso ha tenido que convocar al canterano del filial Emmanuel Apeh.

Tampoco ha salido bien parada en los distintos análisis la línea defensiva, a la que se ha señalado como culpable por la mala dinámica que atraviesa el Celta. En este sentido, tampoco el cambio de inquilino en el banquillo ha mejorado los números. Si se le acusaba a Antonio Mohamed de practicar un juego demasiado alegre y de no sellar su portería, la llegada del portugués Cardoso no ha modificado en nada la respuesta del cuadro vigués. Su tarjeta no mejora la que dejó el argentino el pasado 12 de noviembre.

Mohamed dejó al Celta en el puesto 14º con 3 victorias, 5 empates y 4 derrotas en doce jornadas para un total de 14 puntos (22 goles a favor y 20 encajados). Poco más de dos meses han pasado, y el Celta es hoy 17º en la tabla con 21 puntos, siete más en las ocho jornadas que lleva sentado en el banco Cardoso. Con el luso solo ha sumado dos victorias (Huesca y Villarreal), un empate y 5 derrotas (10 goles anotados y 14 encajados).

El nuevo escenario en el que vive el Celta no ha pasado inadvertido a Mohamed, que desde su nuevo cargo al frente del Huracán argentino no ha dudado en echar más leña al fuego al aseverar que «el Celta va a seguir abajo por cómo piensan».

El estilo Cardoso

El estacazo ha alimentado el nerviosismo en Vigo, donde no solo se pone en entredicho la labor de Miguel Cardoso sino que se ha llegado a insinuar que el de Zorrilla podría ser su último partido si no suma al menos un punto.

Lejos del implantado por su antecesor, el sistema que defiende Cardoso se agarra a un 4-2-3-1 con presión en zona y gusto por la posesión del balón. Sin apenas experiencia en la elite –apenas año y medio–, su estilo solo se puede medir por el tiempo que ha estado al frente del Río Ave de Portugal y el Nantes.

Más conocido como ayudante que como primer espada –fue segundo en el Deportivo de La Coruña–, la mejor referencia la vivieron en Portugal, donde llevó al Río Ave a desplegar un juego atractivo, con mucha posesión y ningún balón en largo, donde el portero era un defensa más, los centrales se incorporaban al centro del campo y los laterales eran de largo recorrido para que los extremos pudieran ocupar más espacio en el centro.