Real Valladolid

El césped no fue el único culpable

Toni trata de deshacerse de Busquets y Coutinho compañado por Anuar/G.Villamil
Toni trata de deshacerse de Busquets y Coutinho compañado por Anuar / G.Villamil

El Pucela y sus canteranos mostraron carácter para sacar a la luz una cara desconocida del Barça

DAMIÁN MORENO PRADOValladolid

El Real Valladolid perdió. Keko recordará durante semanas la ocasión clara, diáfana, como una tarde sin nubes, que tuvo de cabeza cuando ya se cantaba el gol del empate. El Pucela se fue sin puntos pero nunca hincó la rodilla. Hay motivos para el optimismo. Y tienen nombre y apellidos. El guión invitaba a la goleada culé pero los blaugranas pidieron la hora antes de tiempo. Los jugadores del Real Valladolid siguen subidos a la ola del ascenso, disfrutando de su impulso. Algunos dirán que fue el césped.

Pese a la derrota, el vaso sigue estando medio lleno. Apoyándose en la ilusión de una afición que nunca se entregó, ni cuando los visitantes se adelantaron. El estadio José Zorrilla resonó como en las grandes noches, ante todo un FC Barcelona, que durante varias fases del partido no se encontró, y que se apagó tras anotar. Hay jugadores del equipo vallisoletano que parecen otros respecto a la mayoría de encuentros disputados la temporada pasada en Segunda División. Porque lo que era una excepción empieza a convertirse en una tónica habitual: la capacidad de sufrimiento y la entrega que tanto se reclamaba, ya no es flor de un día. El conjunto blanquivioleta sigue creciendo sobre la marcha, donde las balas no son de fogueo en esta Primera División, y los errores se penalizan al máximo.

Las notas positivas son en gran medida los canteranos, que siguen una línea constante y ascendente. Anuar y Toni levantaron los aplausos y el jaleo del público nada más arrancar. Una combinación entre el mediocentro y el extremo que llevó marchamo de gol en el área de Marc-André ter Stegen hizo pensar a más de uno lo que ha cambiado el cuento en unos meses. «¿Quién nos lo iba a decir?», se comentaba en el descanso celebrando la resistencia de los de Sergio González. Porque hubo un tiempo, no muy lejano, que no se celebraran ni las victorias. Ahora cada acción favorable al Pucela es un triunfo.

Anuar estuvo excelso. Fue ese amigo que siempre tienes que tener cerca y que te echa una mano cuando tienes el agua al cuello. Taponó vías de pase, ayudó constantemente a los laterales, sobre todo a Moyano que se las vio y deseó con Demebelé, y tuvo claras las directrices cuando tenía el balón: mirar hacia adelante para no encerrarse en exceso. Además, hay pequeños detalles que antes marcaban la diferencia y eran la cruz blanquivioleta. Ahora salen cara. Uno fue el mano a mano de Suárez con Masip. El uruguayo había ganado la posición a Calero, y el de Boecillo le dio un toque sutil, suficiente para desequilibralo, pero sin dar al colegiado motivos para pitar penalti. No fue el día de Messi pese a que cada vez que entraba en contacto con la pelota, se hacía el silencio por el temor a que sacase el conejo de la chistera en forma de regate imposible o jugada para el recuerdo. Olivas y Calero estuvieron muy exigidos pero volvieron a rayar a un gran nivel.

Quien dejó gotas de su magia fue otra vez Toni Villa. El ataque sigue siendo el debe, pero ante los de Valverde se crearon muchas más situaciones, que no ocasiones, que no se vieron en Montilivi. El murciano es imprescindible para hacer conectar la fase atacante. Porque es un jugador capaz de hacer cosas que no esperas y diferente a todo lo que hay. Las caras de los más jóvenes eran un poema nada más acabar. El Barça se escapó vivo, por la gatera, aún resoplando por el gol anulado de los locales. El Real Valladolid no consiguió puntuar pero lo visto sobre el terreno de juego le refuerza para afrontar la siguiente prueba, en Getafe, y demostrar que no son inferiores a nadie.

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