Un club goloso

A nadie debe extrañar que haya gente interesada en comprar el Pucela. Estar en Primera cambia la percepción de casi todo

Un club goloso
Eloy de la Pisa
ELOY DE LA PISA

Decía el pasado jueves Sergio González, entrenador del Real Valladolid, que estábamos en Primera División porque jugamos en Gerona y porque lo pone el calendario, pero que el partido de ayer era el que de verdad nos colocaba en la máxima categoría. De España y del mundo. Y tras cuatro años vagando por el desierto de la Segunda, en el que hay agua pero mucha soledad, los más de 400 profesionales acreditados para el encuentro de ayer han terminado de ponernos la clavija mental de dónde estamos y de que somos.

Y una de las consecuencias de estar donde está el Real Valladolid es que ha pasado a ser el centro del punto de mira de mucha gente que ve en el equipo y en la ciudad un muy buen negocio a medio plazo. Sí, negocio. Pensar que el fútbol profesional es solo un deporte es lícito, pero irreal. El mundo del balompié es ahora mismo una jungla espesa como el Amazonas, donde transitan muchos exploradores con machetes afilados por cuentas corrientes con muchos ceros. Gentes dispuestas a encontrar eso que nadie ve pero que está ahí, y que les puede hacer más ricos.

Desde que el Pucela ascendiera se han conocido intentos de compra de lo más variado: el empresario mexicano Tinajero, un grupo inversor estadounidense, otro chino... Incluso el bueno de Ronaldo ha sonado. Ninguna se ha materializado, es cierto. Suárez no ha visto en ninguno de los proyectos algo que le haga pensar que el club iba a recibir una inyección y un refuerzo, pero es muy sintomático que haya tanta gente interesada en contolar la entidad blanquivioleta.

Y si los hay, y de tan distinto pelaje, es porque el Real Valladolid SAD es un club goloso ahora mismo. Saneado, con una masa social importante, con una ciudad volcada, cercano a Madrid y en la primera o segunda Liga mas mediática del mundo.

Permanezcamos atentos.

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