Que ser cobarde no valga la pena

El autor del texto echó en falta valentía en el once de Sergio en la segunda parte y autocrítica por parte de todos en el tercer tiempo

Los jugadores se lamentan tras el gol encajado en tiempo de descuento en Butarque. /Villamil
Los jugadores se lamentan tras el gol encajado en tiempo de descuento en Butarque. / Villamil
CARLOS PÉREZValladolid

Dice Sabina en su canción 'Noches de boda' unas cuantas frases lapidarias. La primera de ellas, sublime como toda la canción, dice «Que gane el quiero la guerra del puedo». Este es el deseo de todos los aficionados al Real Valladolid viendo la segunda parte del partido que perpetramos en Butarque el pasado jueves. Querer no es decirlo en la prensa. Querer es poner intención en hacer una cosa. No consiste en desear una cosa y esperar a que pase. Parafraseando al desafortunado eslogan de campaña del PSOE consiste en hacer que pase.

Dice Sabina en esta misma canción que «Que ser valiente no salga tan caro, que ser cobarde no valga la pena». Es esa disyuntiva entre nadar y guardar la ropa y mas vale pájaro en mano que ciento volando. Para superar ese dilema a mi gusto se deberían conocer los pros y los contras. Habíamos tenido veinticuatro horas conociendo los resultado de otros equipos para conocer la importancia de la victoria en Leganés. Primero haber sumado tres puntos que ninguno de nuestros rivales ha sumado. Y segundo y para mí más importante, habríamos metido al menos a dos equipos en la lucha por el descenso. Qué queréis que os diga, pero entre pelear por una plaza entre tres equipos y hacerlo con 5 disminuyen las probabilidades de descenso en casi un cincuenta por ciento.

La actitud mostrada en la segunda parte el pasado jueves me pareció una irresponsabilidad. Pero peor que la segunda parte me pareció el tercer tiempo. Lo ocurrido en sala de prensa con Sergio y los jugadores es un bochorno mayor que haber estado cuarenta y cinco minutos sin hacer ni un solo tiro a puerta. Justificar esa falta de ambición en los resultados de nuestros rivales es una falta de respeto a quienes fueron a Leganés, a quien le costó dormir esa noche, a quien paga un abono y a quien no lo paga pero sigue al Real Valladolid.

Ser cobarde no valió la pena. No por perder el partido, sino porque no lo ganamos. Nunca sabremos si ser valiente habría salido caro porque no lo intentamos, pero el resultado habría sido el mismo. La fortuna sólo sonríe a quien se atreve. Decía Faullkner (en Valladolid somos mucho de Faulkner) que «no puedes nadar a nuevos horizontes hasta que tienes el coraje de perder la vista de la costa». Si seguimos pensando en el descenso no saldremos de aquí. Este equipo ha demostrado que tiene fútbol y ni las bajas ni el presupuesto ni el VAR nos han impedido sumar 30 puntos. Sólo cuando hemos tenido miedo a perder hemos empezado a no ganar.

Termino con una moraleja en modo de frase de Mark Zuckerberg que dice «El mayor riesgo es no tomar ningún riesgo. En un mundo que cambia realmente rápido, la única estrategia que tiene garantizado fracasar es no tomar riesgos».