El Cono

El autor hace una reflexión sobre el valor del los colores locales, frente a los aficionados que apoyan ante todo a los que suman más victorias

Los jugadores del Real Valladolid dedican un gol a su afición. /ALBERTO MINGUEZA
Los jugadores del Real Valladolid dedican un gol a su afición. / ALBERTO MINGUEZA
CARLOS PÉREZVALLADOLID

«No entiendo cómo todavía queda gente que no es del Madrid. Es como renunciar voluntariamente a la felicidad». Este es el tuit que el pasado martes escribió Alvaro Arbeloa a la conclusión del partido de 'champion's del Madrid. Nunca he tenido a Arbeloa como un tío inteligente, todo lo contrario. Y este tuit viene a darme la razón. Más allá de la incongruencia de que un tipo que lleva en su himno la frase «cuando pierden dan la mano» te desprecie por perder, la frase es desafortunada por no entender de qué va el deporte. El deporte y la vida misma.

Pero me gusta la reacción que ha tenido la gente. Las respuestas que ha tenido y que he leído de gente que como yo somos del Real Valladolid, hacen que no pierda la fe. Cada uno puede ser del equipo que quiera, faltaría más, pero no exigir que se apoye a un equipo solo por qué gana. A mí nada me produce más orgullo que ver a mi gente conseguir cosas. Y no hablo solo de deporte. Ver a gente de mi ciudad triunfar en el ámbito que sea me alegra. Por eso no entiendo a quien elige al Madrid o al Barça por encima del equipo de su ciudad solo por el tamaño del museo.

El famoso anuncio del Atlético de Madrid donde un niño le pregunta a su padre que por qué son del Atleti me gusta porque es un niño el que hace la pregunta. Los niños son competitivos y son del equipo que gana y no entienden animar al equipo que pierde.

El pasado domingo vi en una celebración de una comunión cómo regalaron al niño el uniforme del Real Valladolid. ¿Sabéis lo que hizo el niño? Se cambió. Se quitó su traje de comunión y se puso toda la tarde su camiseta y su pantalón del Valladolid. Me habría gustado que Arbeloa hubiese estado allí y le hubiese preguntado que por qué renunciaba a la felicidad.

El problema es que esa teoría de Arbeloa triunfa. Los diez mil de siempre ahora solo somos los ocho mil de siempre solo porque estamos en segunda. Lo que en muchas ciudades supuso un acicate para animar su equipo, aquí ha servido para ver qué hay mucho Arbeloa que ha dado la espalda al equipo. Y que encima se pavonean de ello o te afean tu conducta de ir a Zorrilla como si fueses tonto.

Me cae bien la gente que se abona a ver al Tordesillas, al Rioseco o al Benavente. La gente de Unionistas que está orgullosa de quedar por encima de un 'mejicanizado' Salmantino. Gente que quiere disfrutar con las hazañas del equipo de su pueblo. Gente que sabe de qué va el deporte y de qué va la vida.

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