Cuadra Fernández aplicó una política de grifo cerrado en el Real Valladolid-Eibar

El excolegiado Juan Carlos Alonso analiza la actuación del trencilla

Los jugadores y el trío arbitral se saludan antes de comenzar el encuentro./Carlos Espeso
Los jugadores y el trío arbitral se saludan antes de comenzar el encuentro. / Carlos Espeso
JUAN CARLOS ALONSO

El partido de Zorrilla es de los que a un árbitro le gusta dirigir por la intensidad de las acciones y las disputas, en un campo rápido por la persistente lluvia.

Los equipos fueron de verdad a la presión, lo que requería un arbitraje valiente que no vimos en Cuadra Fernández. Se excedió en las sanciones técnicas en unas ocasiones por meterse los asistentes en su zona y en otras por querer amarrar en exceso el partido señalando acciones ayudándose de la intuición y la reacción de los jugadores, lo que le llevó a equivocarse en la amonestación que mostró a Diop tras un salto en el que se empleó con fuerza, pero sin peligro ni temeridad para Míchel, o en la que enseñó a Calero cuando el balón dio en su mano de manera involuntaria tras rebotarle en el pie.

También se equivocó al señalar falta a Ünal por juego peligroso, cuando fue el defensa el que agachó la cabeza, lo que abortó un ataque que podía llevar peligro al área visitante. Apenas concedió ventajas, así que no dio continuidad al juego. Sancionó contactos como faltas que no eran producto de una imprudencia del jugador.

Acertó en las dos amarillas de Arbilla, que supusieron su expulsión. El cuarto árbitro dio demasiadas explicaciones a Mendilibar; una cosa es dialogar y otra establecer debates en las áreas técnicas. En definitiva, arbitraje temeroso de Cuadra que debe soltarse en la categoría; así dejará el grifo del juego abierto y dará más opciones de ver un mejor partido.

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