cuestión de personalidad

Unos rasgos que, por separado, son inocuos, pero que en conjunto dan forma a una filosofía del fútbol que convierten al Real Valladolid en un rival difícil de batir. Es la deficinión del autor de la personalidad de un Pucela que apenas tiene alguna grieta reconocible.

La defensa del Valladolid, una línea más que reconocible, frustra una ocasión de la Real Sociedad en la última jornada. /LUIS MICHELENA
La defensa del Valladolid, una línea más que reconocible, frustra una ocasión de la Real Sociedad en la última jornada. / LUIS MICHELENA
JUAN ÁNGEL MÉNDEZValladolid

Hay un matiz que marca la diferencia entre el Real Valladolid y sus rivales por esquivar el descenso. La personalidad. Por ese lado, estoy más que tranquilo. Mientras equipos como el Villarreal, Rayo, Athletic o Huesca todavía están buscando sus virtudes, el cuadro castellano cuenta con unos rasgos que son perfectamente reconocibles en cualquier encuentro, con la excepción del esperpento ante el Leganés que, vista la reacción de Anoeta, puede volar ya al cajón de los accidentes, al menos de momento. Cerrar este baúl con candado dependerá de que los vallisoletanos no vuelvan a presentar síntomas de hipotensión.

Es el ADN al que se refiere Sergio es un conjunto de rasgos que por separado son inocuos pero que cuando aparecen como hilo conductor de su filosofía futbolística convierten al Real Valladolid en un rival muy difícil de batir. Falta una chispa de calidad y un 'nueve' que meta goles para vivir con más holgura, pero el conjunto blanquivioleta suple estas carencias con trabajo y orden. Eso sí, cuando alguna de sus bondades abandona el vestuario, el bloque se fractura y aparece la vulgaridad.

Además de recuperar la confianza y restablecer el orden que se escapó por el desagüe ante el Leganés, el Real Valladolid se reencontró en San Sebastián con Óscar Plano, un futbolista que lidera la unidad del desequilibrio ofensivo del cuadro castellano junto con Toni Villa. Sergio le ubicó en la izquierda, donde además de fabricar oportunidades y dar asistencias de gol también se desdobló para ayudar a Nacho. Un acierto.

En el esquema táctico del Real Valladolid hay tres elementos que resultan determinantes, más allá de la obligada actitud y el compromiso de todos. Uno reside en la seguridad defensiva, donde Masip cambió el gazapo por el brillo, al tiempo que desaparecieron los desajustes entre los centrales y los laterales. El segundo habita en la sala de máquinas. Alcaraz recuperó el tono defensivo y Míchel cosió la distancia con la vanguardia, lo que armonizó las transiciones y permitió obturar la salida de balón de la Real. El tercer capítulo nace en las bandas y desemboca en la punta. Por partes. En los costados, el equipo pucelano goza de buena salud con la irrupción de Keko, que por fin va dando su nivel, y las variantes que ofrecen Plano y Toni o Verde y Suárez. Hasta ahí, perfecto. El problema sigue vivo en el último peldaño. Ünal trabaja a destajo, ni un solo pero a su entrega, pero cuando el balón toca sus botas el peligro se convierte en humo. Cop tampoco mejoró sus prestaciones. De momento, el Pucela vive de la irrupción de sus centrocampistas, pero será complicado huir del fuego sin un ariete que además de currar protagonice y materialice las ocasiones. ¿Será Stiven Plaza?

 

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