Definición de amigo

El autor analiza el partido del Real Valladolid desde la figura de Jordi Masip

Masip, caído, rodeado de rivales./N. Gallego-EFE
Masip, caído, rodeado de rivales. / N. Gallego-EFE
JOAQUÍN ROBLEDO

El fenómeno de la erosión afecta también al lenguaje y por ello existen frases que nos resultan cansinas: expresiones que en algún momento tuvieron sentido, hicieron gracia y cuajaron pero que, tiempo después, nos suenan desgastadas.

Otras expresiones, sin embargo, son como el diamante: no hay manera de que el tiempo las aje de forma que, traídas a cuenta cuando la ocasión lo requiere, siempre resultan oportunas. Uno de estos dichos es el que define a los amigos como esas personas que están (también) en los peores momentos, que aparecen en esas circunstancias en las que ellos no tienen nada que ganar pero deciden hacer acto de presencia para compartir la carga.

Pero tal es la dureza de estas últimas frases que con su punta, también como el diamante, pueden cortar todos los materiales que se le pongan por delante. Ocurre cuando las utilizamos como dogmas arrojadizos y juzgamos a través de ellas sin entender bien las circunstancias que concurrieron para que las cosas sucedieran como sucedieron. Desde luego, si actuase con esa ligereza, Jordi Masip hubiera podido presentar anoche esta foto en casa.

-Solo, me dejaron completamente solo y vendido.

El Leganés, hasta tres de sus jugadores, mientras el balón esperaba remitente y destino, acechaba la portería pucelana sin que ningún defensor se diera por aludido. La superioridad visual es tanta que transmite la sensación de vacío, de vértigo, de caminar por ese mismo alambre por el que se deslizan los porteros.

Mal haría el bueno de Jordi en acudir a aquella definición de amigo para lamentarse de que le dejaron solo ante todos los peligros. Sus amigos no han dejado de serlo ni se han apartado un poco de esa filosofía que les lleva a morir por el compañero que tienen al lado. Eso sí, aun pretendiendo otra cosa, hay días que nada sale, que todo se tuerce, que cuando intentas llegar a donde crees que debes acudir se te requiere para estar presente en otro sitio diferente al que tampoco llegarás a tiempo. El Pucela últimamente anda en esas. Nada que no fuera previsible, lo sorprendente no es encadenar derrotas sino anudar cuatro victorias consecutivas. De ellas, como la hormiga, se puede vivir un invierno, pero si este se alarga…

La foto del partido de ayer señala a todos precisamente por no aparecer ninguno. Señala incluso a Masip, tantas veces héroe, que se despistó cual cigarra danzarina para poner fin al intento de remontada.

Para crecer no cabe la excusa, la justificación vana. Simplemente que lo que era una fortaleza, el desconocimiento de los rivales sobre este Real Valladolid, ya no lo es. Toca dar una vuelta al estilo para que, siendo un poco distintos, parezcan lo mismo. Y sigan todos apareciendo (también) en las duras.

 

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