Un desfibrilador por cada abonado

El tensiómetro se disparó en los minutos finales y no fueron pocos los socios que abandonaron el estadio antes de acabar

Profesionales de Ambuibérica atienden a un aficionado. Hasta en siete ocasiones hubieron de intervenir. /Villamil
Profesionales de Ambuibérica atienden a un aficionado. Hasta en siete ocasiones hubieron de intervenir. / Villamil
Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Si usted estuvo ayer en Zorrilla, el corazón le seguirá dando tumbos mientras lee estas líneas. El entrenamiento previo vivido dos semanas antes con la visita del Girona se quedó poco menos que en un juego de niños al lado de la tensión que se respiró ante el Athletic, y que no pocos aficionados decidieron respirar lejos del estadio cuando apenas faltaban cinco minutos para el final, amén de los cuatro de descuento.

Uno no sabe si estos últimos, los que empezaron a desfilar escalera abajo antes incluso de que Núñez rematara al palo, hubieran preferido que el gol llegase en el 88. Si el sufrimiento extremo que hubo de soportar el abonado más veterano, que se cuentan por cientos, hubiera sido más benévolo marcando a veinte minutos del final que veinte minutos después de empezar.

Y si en ese caso, hubiera sido preferible llegar al asiento media hora después del pitido inicial. Seguro que existe un estudio al respecto, y que proliferarán demostrándose como se demuestra cada año que los deportistas profesionales tampoco están exentos de infartos y de la inexplicable muerte súbita, y si lo hay alguien debería considerar partidos como el que se vivió ayer y como el que muy probablemente se reeditará dentro de dos semanas en Zorrilla para incluir las reacciones de los aficionados más propensos. Porque los hay. Independientemente de los consejos médicos, el historial y los antecedentes, hay seguidores para los que el amor y la pasión por unos colores empuja mucho más que la propia salud.

Fueron muchos los que no pudieron contener la tensión, pero hubo uno en especial –en la imagen superior se puede observar cómo fue atendido– que aun teniendo contraindicado el fútbol, más concretamente el que practica el Valladolid, que ayer desoyó a unos y a otros para sentarse en su butaca dispuesto a sufrir con su equipo de toda la vida. Una decisión difícil de entender que ayer le llevó a tener problemas respiratorios cuando el partido más se empinaba.

Los jugadores celebran, brazos en alto, la victoria cosechada ante el Athletic.
Los jugadores celebran, brazos en alto, la victoria cosechada ante el Athletic. / Villamil

No fue el único. Unos metros más arriba, en el palco, Carlos Suárez no pudo contener la mirada en el campo. Habían pasado varios minutos después del partido y la taquicardia todavía le duraba mientras intentaba ejercer de anfitrión con Aitor Elizegi, presidente del Athletic, ya en zona de vestuarios. Los segundos que descontó Mateu Lahoz, que en el caso de las filípicas del árbitro a pie de campo –ya sea con los jugadores, con el cuerpo técnico, el cuarto árbitro o el sursum corda–, son minutos, se le hicieron eternos. Alguien debería explicarle al valenciano, si es que no lo han hecho ya, que los verdaderos protagonistas de este negocio son los futbolistas.

Los descuentos de los partidos de Mateu Lahoz se deberían contabilizar según sus peroratas

Bien es cierto que sus peroratas beneficiaron ayer al Valladolid, que tuvo en Mateu un aliado más en sus continuas pérdidas de tiempo en la segunda parte, pero en condiciones normales, en un escenario normalizado en el que un aficionado medio hubiera decidido acudir ayer a Zorrilla a disfrutar de fútbol, su afán por convertirse en actor principal y sus continuas poses terminarían por desquiciar a cualquiera hasta el punto de pedirle el precio de la entrada.

P.D. Mención aparte merece la irrupción de Waldo en este Valladolid que tanto fuelle había perdido por banda y que él se ha encargado de echarse a la espalda. El mejor síntoma es que sus propios compañeros, que antes le negaban el pase, ahora le buscan constantemente para hacer sangre al rival. La que hizo en la banda derecha del Athletic es vida para este Valladolid.