La diferencia está en los ceros

El francés Griezmann apareció cuando lo hacen los grandes, para decantar el partido con dos goles y una asistencia

Griezmann pugna por un balón con Borja Fernández ante la presencia de Undiano Mallenco. /Villamil
Griezmann pugna por un balón con Borja Fernández ante la presencia de Undiano Mallenco. / Villamil
Luis Miguel de Pablos
LUIS MIGUEL DE PABLOSValladolid

Dicen los entendidos que fue el mejor de los mundialistas, y que si Modric levantó el Balón de Oro fue por levantar la tercera Champions consecutiva. Porque decisivo, lo que se dice decisivo en el fútbol es el gol. Y éste tiene un buen número de ceros detrás. Los que no tiene el Real Valladolid en sus filas y disfruta el Atlético de Madrid en partidos como el de ayer que, dirán algunos, justifica la extraordinaria inversión en la que se embarcó el club presidido por Enrique Cerezo el pasado verano para atar a Griezmann hasta el año 2023. En esa renovación se incorporaban ceros al sueldo del francés y se mantenían los ocho que se incluyen en su cláusula de rescisión, de 100 millones de euros. Aquel que se quiera llevar al 'Principito' del Metropolitano, para que el lector se haga una idea, deberá pagar diez veces más de lo que tendría que desembolsar para despegar a Toni Villa del estadio Zorrilla. Los dos jugadores tenían ayer el foco puesto, y la 'lógica de los ceros' hizo que el murciano acabara eclipsado por esa virtud que solo adorna a los grandes. Acostumbran a aparecer poco pero cuando lo hacen, lo hacen para decantar partidos. El Atlético también apareció poco ayer y cuando lo hizo fue bajo el destello de Griezmann en apenas cuatro chispazos.

En el primero habilitó a Kalinic para que el croata adelantara a los de Simeone; en el segundo despachó con solvencia su compromiso ante Masip desde el punto de penalty; en el tercero noqueó a su rival en el área pequeña cuando más crecido estaba; y en el cuarto chispazo pudo redondear su faena de no ser por la oportuna intervención de Masip en un mano a mano a diez minutos del final. Cada uno de esos chispazos vale su precio en ceros, cifras que a día de hoy marcan la diferencia cuando los humildes se enfrentan a los grandes (293 millones de euros de límite salarial el Atlético frente a los 23,8 del Real Valladolid).

Toni intenta tapar un despeje de Oblak.
Toni intenta tapar un despeje de Oblak. / Villamil

El francés le ganó la mano al murciano y la partida a un Valladolid que sigue echando en falta la presencia de un definidor. Mientras nadie diga lo contrario, el equipo de Sergio González sigue dependiendo de la aparición de sus centrocampistas y la capacidad de llegada de sus media puntas. Toni lo intentó todo entre líneas buscando el primer pase tras recuperación de Alcaraz, pero sus apariciones se quedaron en intentos... Y los intentos no cotizan.