Dinero y oportunidades

Reflexiona el autor sobre la operación del Valladolid en Arabia Saudí, que considera buena en líneas generales

Nooh Al-Mousa/
Nooh Al-Mousa
CARLOS PÉREZ

No sé si conocéis la historia de Florence Foster Jenkins. Esta señora nació en el seno de una familia acomodada –lo que viene siendo rica– y desde pequeña fue una apasionada de la música. Pero sus dotes para el canto eran de un nivel similar a los míos para jugar al fútbol. Más o menos. Con el tiempo Florence Foster conoció al señor Jenkins, médico también adinerado de Philadelphia, y casó con él. Sus padres, los de ella, se habían negado a financiarle sus estudios de música, así que fue con su marido cuando profundizó sus conocimientos tos de música y piano. Su divorcio y la herencia recibida por la muerte de su padre «relanzaron» su carrera musical. Florence Foster pagaba por organizar sus conciertos. Vamos, que se contrataba a ella misma. Si en la primera mitad del siglo pasado hubiera existido Twitter imagino que habría sido tendencia la etiqueta #OdioLaOperaModerna el día que está buena mujer llenó el Carnegie Hall un mes antes de su muerte para escarnio del público.

Os cuento esta historia para recordaos que históricamente el que tiene padrino es el que se ha bautizado. Yo personalmente el único pero que le pongo a la operación con los árabes es la procedencia del dinero. Eso es un dinero «sucio» de ese que si la necesidad fuese menor que el orgullo me encantaría rechazar con un corte de mangas incluido. Pero la operación en sí es muy buena.

Otra historia que os quiero contar es la de Santiago de la Rocha. Santiago era un comandante de Iberia bien relacionado y que en una cena con Julio César Iglesias –que es al que yo oído esta historia– le pide ayuda para ir a los JJ OO de Seúl. Julio César, pensando que le pedía ir ‘colocado’ como corresponsal le da mil excusas para decirle que no. A lo que el piloto de Iberia le dice que no, que quiere ir como deportista. ¿Qué sabes hacer? Le pregunta Julio César. A lo que Santiago le responde que de pequeño montaba bien a caballo. No profundizó más en los detalles, pero De la Rocha se compra un caballo, se apunta al pre-olímpico y termina decimoquinto en Seúl 88 y diploma en Barcelona 92. La moraleja es que todos merecen una oportunidad y que los prejuicios a veces solo tienen la base de los tópicos. Quizá no veamos jugar a Al-Mousa, porque como dice Benedetti, lo peor de los tópicos es que suelen ser verdad. Así que es poco probable que una buena operación económica lo sea a la vez deportiva, pero lo importante es que esta operación no nos va a hacer peores.

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